Geopolitics

YIHADISMO EN MARRUECOS

Por IAN ALBERTI8, MARIANNA CRUDI9Y SOLEDAD MAIDANA10

8 Abogado, Licenciando en Seguridad por la Universidad de Morón, Profesor de grado en Derecho Penal en la Universidad de Morón.

9 Maestrando en Inteligencia Estratégica Nacional por la Universidad Nacional de la Plata, Diplomada en Negocios y Relaciones Internacionales en la WORLD YOUTH ACADEMY, Investigadora voluntaria en el Comité de Asuntos Africanos, de los Países Árabes y Oriente Medio en el CONSEJO ARGENTINO PARA LAS RELACIONES INTERNACIONALES CARI.

10 Licenciado en Seguridad por la Universidad de Morón, Investigadora del Centro de Estudios del Medio Oriente Contemporáneo CEMOC en el CONSEJO ARGENTINO PARA LAS RELACIONES INTERNACIONALES CARI.

Palabras Clave: Casablanca – Reforma Penal – Desarrollo Humano – Cooperación – Shabiba – Atentado – Terrorismo – Extremismo – Yihadismo – Takfir.

Introducción

En el marco de la investigación del fenómeno yihadista en el área geográfica que hace al Magreb, en el presente capítulo se tratará la realidad del Reino de Marruecos. Para entenderla, sin embargo, conviene tener presente algunas consideraciones iniciales.

En primer lugar, Marruecos es un país independiente desde la década de 1950 cuando logró poner fin al dominio colonial francés. Desde aquel momento, el poder descansa sobre un sistema político monárquico, lo que significa que existe un Rey y una línea de sucesión o herencia del gobierno.

Por otro lado, resulta necesario comprender que las disputas contra Estados extranjeros no terminaron con su independencia.  Aunque es relevante destacar que al enfrentarse a España por parte del territorio del Sahara Occidental, la Corte Internacional de Justicia reconoció los vínculos jurídicos con dicho territorio, pero la inexistencia de un vínculo de soberanía. Al haberse conocido la opinión de la Corte, los marroquíes emprendieron la Marcha Verde en noviembre de 1975, que fue seguida por la firma del Acuerdo Tripartito de Madrid en el mismo mes. Actualmente Marruecos es el único país que aún ejerce control sobre el territorio del Sahara Occidental.

Situado en el noroeste del continente africano, Marruecos ve sus costas bañadas por las aguas del Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico, y sus fronteras por las arenas del Sahara y las montañas del Atlas. Además, su posicionamiento geográfico como puerta de entrada al continente europeo a través del Estrecho de Magallanes hace que su importancia geopolítica sea trascendental. En este sentido, cabe adelantar un dato de interés que tiene que ver con la cantidad de marroquíes que han sido identificados como parte activa de atentados terroristas perpetrados a nivel mundial, principalmente por su asociación a las filas del Estado Islámico (ISIS). Esto, sin embargo, debe ser entendido teniendo en cuenta la realidad actual de las tecnologías que permiten no sólo las comunicaciones, sino también la captación, instrucción y ejecución de atentados a través de la web.

Considerando el tema general que guía la investigación y la última vinculación referida, se comenzará con una descripción histórica de los orígenes del yihadismo en Marruecos. Como se verá en su desarrollo, la actividad extremista ha encontrado un fuerte enemigo en el gobierno monárquico que a través de su convergencia del poder político y religioso dificultó el surgimiento de grupos dedicados a la concreción de sus objetivos mediante el atemorizamiento de la sociedad.

Tras haber adquirido una aproximación a la realidad nacional del Estado bajo análisis, el siguiente apartado identificará y describirá los atentados más significativos que sufrió el país, a saber: aquellos perpetrados en Casablanca en los años 2003 y 2007, en Marrakesh en el 2011, en Larache en 2017, y el de la Cordillera del Alto Atlas en el 2018.

La línea histórica elaborada para ubicar los atentados sufridos no sólo incluirá aquellos mencionados anteriormente, sino que éstos serán complementados por otros de menor dimensión y alcance mediático. Para el presente trabajo entendemos que la mediatización de los atentados contra la vida de las personas, como derecho inherente de la condición humana, no determina la importancia de los mismos. No obstante, los acontecimientos a los que se hará alusión son aquellos que han podido ser detectados en fuentes de información abiertas.

Una tercera sección estará dedicada a explicar la postura del gobierno nacional frente a los atentados. Para la elaboración de esta pieza, se tendrá en cuenta la postura adoptada por el Rey Hassan II y la política implementada por su sucesor, su hijo Muhammad VI, quien asumiera el poder en el año 1999.

El capítulo finalizara con una conclusión respecto de los temas abarcados y algunos comentarios sobre la actualidad del país.

1.  El Origen del terrorismo en Marruecos

A diferencia de otros integrantes del Magreb, Marruecos ha sido un país que ha estado bastante al margen de los atentados terroristas en los últimos años, contando con pocos atentados de gran importancia, que serán desarrollados posteriormente.

Es necesario comprender que el origen y auge de los grupos extremistas en este país, como fue anticipado, siempre se vio truncado y dificultado debido a la existencia de una monarquía desde finales del siglo XVII, en la cual el monarca mismo proclamaba ser descendiente directo del profeta Mohamed, aparejando legitimidad religiosa con su mismo título. En consecuencia, esto resultó siempre un gran obstáculo para la creación y movilidad de acción de los grupos islamistas.

El Rey de Marruecos, Mohamed VI, junto a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, 12 de septiembre de 2014.

Con una fuerte presión monárquica de origen divino, los movimientos de activistas políticos quedaron acorralados bajo una única salida en los primeros años, que fue la integración al sistema político institucional.

Es entrada la década de 1970, que tiene origen el primer grupo extremista de movimiento islámico, denominado “Shabiba al-Islamiya” (Juventud Islámica). Este mismo fue creado por un extremo nacionalista llamado Abdelkarim Moutii, quien durante años se encargó de la educación extremista de todos aquellos que optaban por unirse a sus filas. Éstas estaban compuestas por profesores y estudiantes, quienes eran inculcados y educados en una corriente violenta, fuertemente radicalizada.

El origen de la Shabiba surgió gracias a una serie de decisiones políticas, cuyo objetivo eran promoción del islamismo a través de cualquier medio, para  poder combatir al nasserismo. El nasserismo era un movimiento egipcio, con pensamientos y tendencia hegemónica, cuyos planes incluían la expansión hacia África del Norte tras el derrocamiento del rey Farug I.

Es en este momento de confusión política por la aparición obligada de una nueva izquierda con carácter radical, que el movimiento de Moutti aprovecha la situación para el reclutamiento de adeptos (en su mayoría estudiantes y universitarios) y, a su vez, para tratar de generar una reacción positiva, frente a las autoridades, contraria a la que generaba el nasserismo.

Gamal Abdel Nasser, en Terazije, Belgrado. Autor: Stevan Kragujevic

El líder de la Shabiba supo reclutar interesados de una manera eficaz y veloz, así como también logro que ésta perdurara en el tiempo por más de una década. Con el pasar de los años, sin embargo, la organización se dividiría en dos ramas, una política- religiosa (Dawa) y una rama militar (Facción Combatiente).

Es hasta 1981 que Moutti deja el mando de su organización debido a reiterados atentados fallidos. El alejamiento del creador y líder del movimiento del poder fue un pretexto que utilizó el régimen marroquí para disolver la organización en 1985. Sus adeptos fueron dispersos en diferentes ramas y organizaciones, algunos partieron hacia el Medio Oriente con el fin de seguir la revolución islámica en un lugar diferente al que conocían.

Una vez desaparecida la Shabiba, es que comienza la gestación de nuevos grupos extremistas. Pero, antes de su desaparición, un grupo numeroso de marroquíes se separa de la misma y crea una nueva organización, que sufriría cambios de nombres reiterados, siendo primero la “Asociación de Jamma Khayria”, que posteriormente pasaría a ser la “Reforma y Renovación” (“Al Islah Wattajdid”), y entrada la década del noventa evolucionarían a la “Unidad y Reforma” (“Attawhid Wal Islah”), para ser absorbida por el “Movimiento Popular Democrático Constitucional” y terminar formando a partir de 1998 el Partido de Justicia y Desarrollo”.

En los años ochenta se produce en Marruecos cambios radicales en el pensamiento y movimiento islamista. Este mismo pensamiento en parte es consecuencia de la revolución iraní, llevando a muchos marroquíes a pensar un posible cambio de política islámica hacia aquella que estaba instaurada por el derecho divino. Es por eso que con el pasar de la década, esta idea y pensamiento fue tomando forma en la sociedad llevando incluso a la creación de los grupos islamistas: “Jam’Iyyat al-Ba’th al- islami”, “Da’wa ila al-khayr wa al Tannazuh”, “Alh al-Liwa” y “Hizb al Tahrir al- islamI” entre otros en cada región.

Autor: Karl Oppolzer

Contemporáneamente al auge de la Shabiba, otro grupo apareció en escena, aquel denominado “Justicia y Caridad”. Fue el jeque Abdessalam Yassine quien creó el movimiento. Todo comenzó con una simple carta, enviada al rey Hassan II, en la que cuestionaba su autoridad divina como Comendador de los Creyentes, título que él mismo se atribuía por su calidad de regente divino. Esta carta es la que le costó una pena de prisión desde 1974 hasta 1979, con posterior liberación y prisión domiciliaria hasta principios del año 2000.

El pensamiento y el objetivo de Yassine era la creación de una democracia islámica. El poder llegar a una división de poderes y emprender la islamización de la sociedad eran sus ideales, pero para eso, tenía en claro que sus metas no debían ser alcanzadas con fines violentos y extremistas, sino a través de la educación del pueblo.

La creación de un orden democrático conllevaba ideas de Occidente, pero había un gran defecto en su forma de pensar. La llegada al poder del Islam era para quedarse. Este mismo proceso demócrata no toleraría otra cosa que no fuera el Islam en el poder mismo, pero fue su tolerancia y su forma pacífica de pensar, la que llevó a la creación del movimiento, que perdura hasta nuestros días.

No es malo afirmar que los islamistas marroquíes hasta ese entonces eran muy desestructurados, escasamente organizados y poco violentos. Su lucha, en la mayoría de los casos, sucedió dentro del ámbito político y quizás cultural. Hacia el final de la década del ochenta, con el surgimiento de un nuevo grupo, esta situación de equilibrio comenzaría a cambiar. Un grupo radical, cuyo surgimiento no fue concebido en Marruecos, sino en Egipto, y que fue denominado desde su creación como “Excomunión y exilio” (“Takfir wal-Hijra”).

Hassan II, Rey de Marruecos desde 1961 a 1999.

El principal precursor de este grupo fue el ingeniero egipcio Sukri Mustafa. La ideología en la que se basó la fundación y actividad de esta nueva asociación fue el “Takfir”, sintetizado en los siguientes principios: 1) la obligación de entablar lucha contra todo aquel que no se sometiere al Islam, no dejando lugar a otra alternativa religiosa, 2) la incredulidad y disimulación o migración, principio que les permitía luchar desde el anonimato fuera del lugar donde se encontraran.

A partir de este momento, es donde Marruecos comienza a experimentar un cambio de paradigma en el trato con los movimientos islamistas. Con el Takfir no podía establecerse una conversación o llegar a un acuerdo con el régimen nacional. Al movimiento no le importaba el establecimiento de un régimen islámico de manera democrática, la única solución para alcanzarlo era a través de la violencia.

Este nuevo movimiento islamista conllevo grandes cambios. Por un lado, la filosofía de utilizar cualquier medio para la imposición del Islam se convirtió en una excelente oportunidad para la realización de hechos delictivos con el fin de enriquecer a la organización y contribuir a su crecimiento. Este camino fue el que llevó a la organización yihadista a que se la relacionara muy fuertemente con el crimen organizado. Para los integrantes del movimiento no era difícil cruzar la débil barrera entre yihadismo y crimen organizado, debido a que ellos eran procedentes en su mayoría de los sectores más bajos y carenciados de Marruecos.

Una brecha comenzó a forjarse a partir de ese momento: aquella que dividía al Takfirismo extremista y violento, de los islamistas que buscaban llegar a su cometido a través de la política y el activismo. Ésta, a su vez, no se detuvo políticamente allí, debido a que a nivel social también existió una fuerte ruptura que marcaría al país: la fractura entre la sociedad marroquí y los sectores marginados. Este distanciamiento social quedaría más en evidencia con la aparición de este grupo, que utilizaba el contexto como excusa para sumar adeptos a sus filas.

Ante esta realidad, el régimen marroquí encontró una solución pacífica y eficaz para contrarrestar el movimiento Takfir. Ésta se trató de una fuerte alianza entre la monarquía y el Partido de Justicia y Desarrollo, tomando como política de inclusión a las áreas más marginadas y vulnerables, logrando así detener el avance del movimiento.

Fue hasta entrado el siglo XXI, que las autoridades marroquíes durante más de 30 años habían logrado combatir el terrorismo yihadista de una manera eficiente y desde un plano diferente, el político. La mencionada fue una táctica que había funcionado a la perfección hasta ese entonces, pero que, con la muerte de Hassan II en 1999 estaría destinada a cambiar.

El deceso de Hassan II implicó el ascenso al trono de Mohamed VI, conllevando así una nueva serie de políticas, quizás con el fin de agradar a la sociedad y al ambiente político. Éstas no sólo permitieron distanciarse del régimen de su progenitor, sino que, indirectamente, implicaron un gran debilitamiento en la estructura policial de aquel entonces.

Las políticas del régimen anterior al de Mohammed VI eran consideradas represivas, tendientes al choque y a la violencia y represión rápida y eficaz en cualquier situación anormal no permitida por el régimen. Esto es en parte lo que permitió que, durante más de tres décadas, se mantuviera al yihadismo casi sin poder moverse o realizar atentados fallidos o no concretados. Pero con el cambio de gobierno, estas políticas policiales pasaron de una actitud activa y represiva, a una más tranquila, combinada con la liberación de veteranos de la guerra de Afganistán. Los giros drásticos de estas medidas próximamente darían sus desastrosos frutos para el gobierno.

Mientras en Afganistán ascendían al poder los talibanes, un nuevo grupo yihadista marroquí se estaba formando en aquellos territorios. En este caso, compuesto por combatientes voluntarios que quedaron allí una vez finalizada la guerra, bautizándose a ellos mismos como Grupo Combatiente Islámico Marroquí (GCIM), que no quedaría formalmente conformado sino hasta 1998, en Paquistán.

Una vez retornado a su país natal, este pequeño grupo no contaba con las fuerzas ni la logística para la perpetración de ataques. Sus tareas se vieron entonces relegadas meramente al apoyo de células con las capacidades suficientes para operar solas, como era el caso de Al Qaeda, mediante el apoyo logístico, ayudando en la entrada y salida de Europa, falsificación y transporte de documentación y dinero falso, etc. No es hasta el período posterior al atentado del 11 de septiembre del 2001, que el gobierno marroquí se alía a los intereses del gobierno estadounidense, conllevando en el grupo yihadista GCIM un cambio de rumbo y de actitud en su organización, para dejar de ser un grupo de apoyo y pasar a planear el atentado terrorista que cambiaría la historia política de Marruecos para siempre.

El lugar elegido para el atentado más grande perpetrado en Marruecos tendría lugar en Casablanca, el 16 de mayo del 2003. Extenso fue el tiempo de planeamiento de la organización yihadista, pero eficaces fueron sus tácticas. Habían logrado organizarse en células independientes unas de las otras, ninguno entre ellos conocía a todos los integrantes, y mucho menos al líder de la organización, que luego de los atentados fue individualizado como Mohamed el Guerbouzi, según las autoridades.

Ese día cinco bombas explotaron simultáneamente en la capital económica de Marruecos, realizado por una decena de terroristas, dejando un saldo de 45 muertos y un centenar de heridos.

La debilitación del gobierno fue contundente, obligándose a sí mismo a dar marcha atrás con las medidas tomadas hacía pocos años. El intento de tomar un camino distinto al de la represión fracasó con este acontecimiento. Fue la obligación de Mohamed VI efectuar cambios en la legislación e implementar nuevas políticas religiosas referentes al Islam. Judicialmente se creó una ley antiterrorista, que endurecía las penas. A su vez, la modificación del cuerpo legal introdujo grandes cambios llegando a existir una similitud entre seguridad interior y exterior.

Los atentados en la ciudad de Casablanca marcaron el fin de una era, una en la que se pensó que la realidad sería más pacifica con el ascenso de Mohamed VI, pero que termino volviéndose más represiva y persecutora de los grupos extremistas islámicos, que el régimen de su predecesor Hassan II.

2. Atentados perpetrados en el Reino de Marruecos

2.1  Respuestas del gobierno

Como fue explicado anteriormente durante el gobierno del Rey Hassan II se tornó complejo para los criminales asociarse bajo el paraguas de una organización terrorista. En consecuencia, la ejecución de atentados y la perpetración de objetivos de este tipo fueron escasos.

La política para enfrentar el terrorismo comenzó a tomar más forma con la llegada al poder de Mohammed VI, y en particular, tras los atentados de Casablanca del 2003. Para combatirlo eficazmente el nuevo gobierno diseñó una estrategia que reconocía la multicausalidad del fenómeno. En consecuencia, las medidas se enfocaron tanto en cuestiones de seguridad como así de desigualdad socioeconómica.

En el plano de la seguridad, el gobierno marroquí adoptó una nueva ley antiterrorista que complementa las disposiciones del Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Penal relativas a la lucha contra el terrorismo. Los nuevos contenidos permiten, entre otras cuestiones, penalizar el acto de unión a una organización terrorista y amplía la jurisdicción de los tribunales nacionales para enjuiciar los delitos terroristas que fuesen realizados en suelo marroquí o extranjero (Saliba, I; 2015).

Asimismo, penalizan los viajes para luchar o entrenar en zonas de conflicto, así como también el reclutamiento para luchar en zonas de conflicto foráneas (Center for Security Studies; 2015). Todos estos elementos permitieron adecuar la legislación local a las disposiciones contenidas en la Resolución 2178 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre combatientes extranjeros11 (Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 2014).

Para entender el segundo eje de la estrategia conviene recordar que, a partir de la década de 1980, el Rey Hassan II había impulsado una serie de políticas de ajuste estructural que se tradujeron en un recorte drástico del gasto público en salud, educación e infraestructuras. El descontento social y la crisis económica conformaron el caldo de cultivo propicio para la consolidación de conductas islamistas extremas.

En consecuencia, tras determinar que la pobreza y la exclusión social se constituían como factores de suma envergadura cuando de captación de combatientes terroristas se trata, el gobierno de Mohammed VI lanzó en el año 2005 la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano.

A través de esta medida, reconocida por el Banco Mundial en el 2015 como uno de los tres programas sociales de alto impacto en el mundo, se han desarrollado proyectos para incrementar el acceso de la población a los servicios básicos de infraestructura, agua y electricidad, el acceso a la atención de la salud, el apoyo a la escolarización, la inclusión económica (especialmente en las zonas rurales), la inclusión de los jóvenes mediante la creación de centros deportivos, culturales y bibliotecas, entre otros (Ministerio del Interior, 2019).

El esfuerzo marroquí fue apoyado internacionalmente por diversos organismos de las Naciones Unidas. Así, por ejemplo, en conjunto con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Marruecos, se diseñó un proyecto para movilizar la educación, la cultura y los medios de comunicación a fin de prevenir  el extremismo violento en el país (UNOCT, 2018).

Las instituciones involucradas, junto al gobierno nacional, identificaron estos tres canales –la educación, la cultura y los medios de comunicación- como espacios de oportunidad para fomentar la tolerancia y la paz, y para promover enseñanzas moderadas. Para lograrlo, las autoridades entendieron que es necesario crear espacios de diálogo, principalmente, para los jóvenes.

Además de los dos ejes de actuación que dieron forma a la estrategia descrita, el gobierno consideró como otra herramienta eficaz para combatir la radicalización, la esfera religiosa. En este sentido, para el año 2014, el Rey insistió en la necesidad de promover una versión moderada del Islam. Para ello, la reorganización de las estructuras religiosas se tradujo en la creación de la Dirección de Educación Religiosa dentro del Ministerio de Asuntos Islámicos y la revisión de las leyes que rigen los lugares de culto musulmanes (Brinster, J; 2014).

En este marco, el gobierno decidió crear en el año 2004, la Liga Mahometana de los Ulema de Marruecos. Por medio de ésta, el monarca pasó a controlar más mezquitas y madrasas, exigiéndole a los clérigos lealtad a las instituciones de la nación, y determinando que las mezquitas que se construyeran pasarían a estar bajo control del Ministerio de Asuntos Islámicos (Labrado Calera, E; 2018).

Como fuera mencionado anteriormente, la educación se constituyó como un nicho de gran relevancia en el que la política debió intervenir. Por ello, el gobierno destacó la necesidad de revisar los libros de texto y los programas de estudio para eliminar las exhortaciones radicales a la violencia. Esta medida logró una amplia adhesión entre los estudiosos e intelectuales musulmanes y los líderes islámicos. Tal es así, que, a principios del año 2016, el Ministerio de Asuntos Islámicos del Reino de Marruecos junto con el Foro para la Promoción de la Paz en las Sociedades Islámicas, organizaron una reunión para celebrar el 1400° aniversario de la Carta de Medina.

El encuentro tuvo además como objetivo el llamado a los académicos para que desarrollen jurisprudencia relativa al concepto de ciudadanía bajo las consideraciones de las raíces islámicas y el comunicado a las instituciones educativas para que eliminen cualquier tema que incite a la agresión y al extremismo de las currículas escolares (Foro para la Promoción de la Paz en las Sociedades Islámicas, 2016).

11 A través de la Resolución 2178 del año 2014, los Estado parte del Consejo de Seguridad condenaron el extremismo violento y exigieron a los combatientes terroristas extranjeros que depongan las armas. Reafirmaron que la lucha contra el terrorismo debe ser un compromiso global y por ello es responsabilidad de cada Estado impedir la circulación de estas personas por los territorios, para lo cual se deberán reforzar las medidas de seguridad y los controles fronterizos, entre otras políticas.

3.  Enfoque cooperativo

Al margen de las reformas implementadas por el gobierno del Rey Mohammed VI en suelo marroquí, el país forma parte de un plan más grande que persigue el combate del terrorismo.

Por un lado, Marruecos es miembro del Grupo de Acción Financiera de Medio Oriente y África del Norte. Este grupo, como autoridad regional del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), se encarga de promover la incorporación de una serie de normativas que tienen por meta la lucha contra la financiación internacional del terrorismo, el lavado de activos y la proliferación (Grupo de Acción Financiera Internacional, 2019).

Según el informe elaborado por el grupo en el año 2013, Marruecos habría logrado saldar la deficiencia en materia jurídica de tipificar a la financiación del terrorismo como delito a través de las enmiendas realizadas al Código. Entre ellas, las autoridades destacaron la penalización de las formas de recogida y utilización de fondos o bienes con la intención de ser utilizados total o parcialmente por un terrorista o una organización terrorista o de cometer un acto terrorista, independientemente de que el acto haya tenido lugar o no (Grupo de Acción Financiera de Oriente Medio y África del Norte, 2013).

En segundo lugar, Marruecos forma parte de la Asociación Transahariana de Lucha contra el Terrorismo. Se trata de un programa que combina la diplomacia, la defensa y el desarrollo para fortalecer la resiliencia de las comunidades y así lograr una resistencia efectiva contra la radicalización y el reclutamiento. Éste también ampara la construcción de una fuerza de seguridad de largo plazo con capacidad antiterrorista y resalta la importancia de la cooperación regional en materia de seguridad (Warner, L. A; 2014).

En adición, el país también participa del Diálogo 5+5, también conocido como Foro del Mediterráneo Occidental. Esta iniciativa, creada en 1990, se convirtió en el primer foro de cooperación entre las dos orillas del Mar Mediterráneo. Aunque originalmente las reuniones estaban dedicadas exclusivamente a temas de asuntos exteriores, con el correr de los años éstas se diversificaron hasta incluir reuniones bajo los auspicios de las autoridades de transporte, migraciones, turismo, educación, medioambiente y defensa, entre otras (Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, 2019). En el caso particular de la última materia mencionada, ésta logró consolidarse bajo el nombre de Iniciativa de Defensa 5+5.

La Iniciativa de Defensa 5+5 se trata de reuniones de alto nivel ministerial que tienen como fin desarrollar una red de cooperación multilateral dirigida a promover la seguridad en el Mediterráneo Occidental (tanto marítima como aérea), la defensa y protección civil en casos de catástrofe o crisis humanitaria, y la formación de personal civil y militar en todos estos campos. Entre las participaciones marroquíes a destacar pueden mencionarse, por un lado, la organización de los ejercicios “Tammaris 2014” sobre búsqueda y salvamento y, por otro, el “Simulex 2014” sobre contaminación marítima (García, J. I; 2015).

El primer ministro maltés, Lawrence Gonzi, recibe al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, a su llegada a Malta para participar en la Cumbre de Diálogo 5+5, 5 de diciembre de 2012.

Finalmente, Marruecos no sólo es parte, sino que también es co-presidente del Foro Global Contra el Terrorismo por tercer período consecutivo. El Foro actúa como una plataforma que busca promover un enfoque estratégico de largo plazo para combatir el terrorismo y las ideologías extremistas violentas que lo sustentan. Por ello, asisten a sus reuniones funcionarios y profesionales para compartir experiencias, estrategias, herramientas y capacidades.

Conclusiones

Como pudo apreciarse en el desarrollo del capítulo, Marruecos no ha sufrido significativos atentados terroristas sino hasta comenzados el año 2003. A partir de su intensificación, el gobierno actuó con cautela para identificar los principales focos donde había que generar cambios. Entendiendo que las esferas de la seguridad, la economía y sociedad, y la religión se constituían como las bases para la modificación  del comportamiento, el gobierno marroquí del Rey Mohammed VI impulsó una estrategia integral para, a través de éstas, contrarrestar el extremismo violento.

Sin embargo, no fue sólo a través de políticas de desarrollo humano y económico, endurecimiento de los procedimientos penales y presencia en la religión que Marruecos decidió enfrentar a esta criminalidad. Fue, y es, también gracias a su activa participación en los espacios multilaterales que se crean para combatir y contrarrestar el terrorismo internacional. Su efectividad en la lucha contra el extremismo se ve reflejada en la estrategia global que ha desarrollado junto a su par europeo, en el marco de la copresidencia del Foto Global contra el Terrorismo, que se haya en consonancia con los lineamientos fijados por la Organización de las Naciones Unidas.

Como sostuvo el Primer Ministro de Marruecos en el 74° período de sesiones de la Asamblea General, para responder con éxito a los desafíos globales actuales se requiere del accionar multilateral. Para enfrentar las implicancias que se derivan del terrorismo, Marruecos cumple un rol crucial en tanto “es un espacio de encuentro y cooperación entre África y los países del mundo islámico, así como también los países de Europa” (United Nations, 2019).

Referencias bibliograficas

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