Foreign Policy

Turquía y la OTAN: juntos pero no revueltos

ESTAMBUL | Desde el inicio de la invasión rusa en Ucrania, Turquía ha sabido sortear los obstáculos que han cruzado su paso moviendo las aguas a su favor. A pesar de ser el segundo mayor ejército de la OTAN, Ankara ha tomado cada decisión acorde con sus propios intereses, sin dejarse llevar por las reacciones unánimes del resto de colegas de la Alianza. Ha intentado mantener una posición de neutralidad para no enfadar a Kiev ni a Moscúcon quien mantiene relaciones bilaterales en sectores varios.

Se abstuvo de votar en la expulsión de Rusia del Consejo de Europa y no ha secundado las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea. Tampoco ha cerrado su espacio aéreo a Rusia ni ha puesto trabas a la entrada de los oligarcas rusos a su país. Sin embargo, ha condenado en varias ocasiones la “invasión ilegal” rusa y ha impedido el paso de buques rusos militares por sus estrechos. Antes de la guerra adquirió un sistema de misiles antiaéreos ruso, consideró un riesgo para las aeronaves de la OTAN, aunque también Ha vendido drones a Ucrania que han golpeado con exito a las columnas militares rusas.

A Turquía le conviene mantener ambos vínculos, ya que importa el 80% del trigo y aceite de girasol que se consume en el país. Además, está realizando una tumba y deterioro de su moneda y su economía se ve castigada por la ausencia de millones de turistas ucranianos y rusos que visitan anualmente el país. Por otro lado, Ankara debe mantener la estabilidad con Moscú en escenarios exteriores como Libia, Siria o el Cáucaso, donde ambos países han hecho equilibrios para sostener su esfera de influencia sin causar daños mayores a sus relaciones.

El Gobierno turco ha tomado una postura de “neutralidad activa”mediando entre Moscú y Kiev y creando espacios para las conversaciones diplomáticas entre ambos países, aunque estas hayan llegado a un punto muerto. Ogul Tuna, experto en política exterior de Turquía y el espacio postsoviético, cree que tanto Ucrania como Rusia se benefician de la “neutralidad” turca: “El fuerte apoyo turco a Kiev en términos de equipamiento militar enfada a veces a Rusia, pero al mismo tiempo Moscú se beneficia de sus relaciones con Ankara porque Turquía le sirve como canal de comunicación con Kiev y como palanca para contrarrestar las reacciones de Occidente”, explica. “Sin embargo, si la OTAN decidiera una respuesta más severa hacia Rusia, dudo que Turquía pueda permanecer tan neutral como lo ha sido desde febrero”, añade.

Tuna también cree que esta “neutralidad activa” es una continuación de un cambio en la política exterior turca que intenta mantener el equilibrio y realizar acercamientos con países de la región con los que tenían relaciones tensas, como por ejemplo Armenia, Egipto, Israel o Arabia Saudí. Sin embargo, este juego de equilibrios tiene sus límites y se han hecho evidentes con la reciente escalada de tensiones con Grecia o con la negativa de Ankara a la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN. El veto turco ha creado recelos en la Unión Europea y Estados Unidos, mientras que Ankara critica la falta de comprensión de sus aliados con sus necesidades en materia de seguridad.

Turquía espera concesiones especialmente por parte de Suecia en su trato diplomático con los kurdos, a los que Ankara vincula a la guerrilla PKK y considera una amenaza para su seguridad nacional. Varios analistas apuntan que el Gobierno turco también está buscando un desbloqueo sueco a la transferencia de armas a Turquía y una reanudación de la compra a Estados Unidos, bloqueada por Washington, de aviones de combate F35. “No me sorprendería que Turquía diera el visto bueno a Suecia y Finlandia a cambio de alguna promesa material o financiera. Mientras Ankara juega con sus intereses, también prepara las próximas elecciones presidenciales. No creo que el objetivo de Turquía sea prevenir más tensiones entre los bloques”, explica Tuna.

Ante la dilatación de la negativa turca a Suecia y Finlandia, los países aliados están pendientes de la cumbre de la OTAN en Madrid. Si bien el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, remarcó que la cumbre nunca fue la fecha límite, Aaron Stein, director de Oriente Medio en el Instituto de Investigación de Política Exterior (FPRI) cree que la situación se pondrá mucho más difícil después del 29 de junio y que “la ventana para llegar al ‘sí’ en la adhesión de Suecia y Finlandia es ahora”.

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