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Sentadillas, televisión y una mirada al futuro


MIEDO A UNA MAÑANA DE VERANO

Las tertulias de los canales generalistas son programas de televisión capaces de todo. Desde políticos hasta toreros, pasando por expertos en materias concretas o personajes que parecen saberlo todo, su plató se convierte en un escenario que alberga desde el análisis de la actualidad económica hasta una discusión entre vecinos en algún rincón de la geografía nacional. Una mezcla que a veces resulta ridícula pero con una fórmula que no falla: el miedo constante que sienten sus espectadores de que les pase lo que aparece en la pantalla.

La presentación de la avalancha teórica de ocupantes ilegales sigue un patrón. Una entrevista con el dueño del piso o chalet usurpado, un puñado de comentarios sobre las dificultades que existen para superar la situación y un grito de indignación, en el que todos participan, por el bajo desempeño político ante este incipiente crecimiento de ocupaciones ilegales. A veces en boca de los entrevistados, a veces en boca de los propios periodistas, posibilidades tan locas como que las casas de los espectadores puedan ser allanadas en el tiempo que se tarda en tomar un café o hacer la compra diaria en el mercado de barrio. El broche final lo ponen las apariciones estelares de medidas políticas como el teléfono anti-okupación de la Comunidad de Madrid, idea de la propia Díaz Ayuso para responder preguntas de los propietarios y permitir que cualquier ciudadano denuncie un presunto ocupación ilegal. Todo preparado para que la sociedad del intérprete sea como algo propio y principal un problema que no es tanto.

El clima convierte un dato teórico, con presencia periodística en el escenario del evento, en una llamada de auxilio liderada por los presentadores y animada por la audiencia. La información desaparece paulatinamente dando paso a un debate donde todos defienden la misma posición: cualquiera puede perder su casa si se descuida unos minutos.

Tratamiento de sentadillas en televisión Foto Atresmedia

Tratamiento de sentadillas en televisión Foto Atresmedia

En ocasiones, aunque sean los adecuados, aparecen periodistas que discuten con datos o plantean visiones contrarias a las habituales. Las críticas de sus compañeros de mesa y un fuerte rechazo en las redes sociales silencian este tipo de declaraciones y minimizan su impacto en la televisión.

Como ejemplo de la injustificada cobertura masiva de los registros domiciliarios, encontramos, por ejemplo, la ausencia de datos en los últimos meses sobre el problema de la ocupación ilegal. Asimismo, desde el Ministerio del Interior se muestra que respecto al mismo periodo de 2019 (entre enero y junio), las denuncias por este tipo de delitos han disminuido en diez comunidades autónomas, mientras que solo han aumentado en cinco. Por último, y quizás el dato más revelador para la audiencia, es el de los propietarios de los pisos usurpados: el 75% de estos inmuebles pertenecen a bancos y no a particulares. Una realidad que los medios de comunicación no ejemplifican y que en raras ocasiones explican al espectador: una usurpación (ocupación de pisos vacíos, propiedad de un banco) no es lo mismo que una invasión de vivienda (ocupación de una vivienda particular).

La tergiversación complementa la información oculta por los medios de comunicación, culpando de todos los delitos de vivienda a los ocupantes ilegales. Este movimiento, como muestran las estadísticas, ingresa a los edificios bancarios o fondos buitre, en la gran mayoría de los casos. Además de que, por definición, el colectivo de okupas “aboga por la ocupación de viviendas y locales deshabitados”. Es decir: un ocupante ilegal (con k) nunca entrará en la casa habitada de un individuo.

Los grandes espectáculos matutinos continúan defendiendo el aumento de ocupaciones ilegales y muestran a las familias que permanecen en la calle como víctimas. Los datos muestran que el crecimiento no difiere del de los últimos años -incluso es reducido- y que los pisos que se ocupan pertenecen en su mayoría a bancos, empresas que no atienden el problema teórico y en ocasiones desconocen la situación de sus posesiones. .

ANUNCIOS, DINERO Y MIEDO SOCIAL: UN NEGOCIO REDONDO

El cóctel alcanza la perfección en las pausas publicitarias. En una perfecta ejecución del efecto Kuleshov, al caos de los decorados y de las entrevistas en la calle le siguen anuncios de alarmas para los hogares. Primero el problema, luego la solución. La televisión ofrece al espectador el paquete completo. El susto y el abrazo, la herida y la curita, la sed y el agua.

Una exposición con dos claros ganadores. La televisión, consumida en cantidades ingentes durante la pandemia, vio crecer sus ingresos de forma vertiginosa gracias a la fuerte inversión que hicieron las empresas de alarma en sus espacios matutinos. Estas, las empresas de seguridad, lideradas por Securitas Direct, una empresa que ya ha sido condenada por publicidad engañosa, vieron aumentar su contratación en más de un 60%. Como dos socios, los presentadores de alarmas y los proveedores formaron una sinergia basada en el miedo.

Atresmedia y Mediaset lideran el ranking de presión publicitaria de agosto. Securitas Direct ha protagonizado la tercera campaña más activa del mes. No son noticias okupas, son publirreportajes. Dime quién llena tu bolsillo y te diré a quién te arrastras. pic.twitter.com/3zdcMa5POD

– Jonathan Martínez (@jonathanmartinz) 7 de septiembre de 2020

Porque, como por arte de magia, los casos de okupación cayeron con la vuelta a la rutina. Como en años anteriores, mientras en verano, según los medios, España se ahogaba en una ola de robos, septiembre y octubre trajeron una marea baja de casos contados. Por decencia, para que no se notara el bombo veraniego.

DESPIDO POR EL MOVIMIENTO OKUPA

Si nunca se había visto con cariño, la cobertura mediática en 2020 ha convertido al colectivo de okupas en uno de los principales enemigos de la opinión pública española. Más allá de lo que se ve en los medios de comunicación, este grupo es utilizado casi a diario por diversos partidos políticos, como arma contra sus rivales, como justificación de su ultra lenguaje y motivo fundamental de su voto.

Las usurpaciones y allanamientos, llevadas a cabo por personas ajenas a cualquier asociación o movimiento, condenan a un grupo que piensa en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Un grupo que lucha contra un ideal capitalista que ahoga el centro de nuestras ciudades y convierte los barrios populares en las nuevas mesas de juego de promotores inmobiliarios, acaudalados propietarios o especuladores. Con las peores cartas, los residentes siempre pierden: o pagan más o abandonan sus casas.

La vuelta a la rutina con la llegada de septiembre ha traído de vuelta los desalojos, de forma aún más agresiva, por su parálisis durante el estado de alarma. Una medida que también afecta a centros okupados, como Casa Buenos Aires, en Barcelona, ​​cuyo desalojo fue evitado en primera instancia por vecinos y simpatizantes del centro, o como La Ingobernable, icono de la resistencia okupada en Madrid que fue desalojado. a mediados de abril pasado.

Manifestación en defensa de La Ingobernable Foto MATS Sanidad

Manifestación en defensa de La Ingobernable Foto MATS Sanidad

Los que permanecen en la lucha ofrecen actividades y talleres para dinamizar los barrios. Madrid, con su REMA recién estrenada, cuenta con despensas solidarias como el Espacio Sociocultural Liberado Autogestionado EKO, con charlas y talleres antirracistas en La Quimera de Lavapiés o con los mercados de La Enredadera. En Zaragoza, en el CSC Luis Buñuel se imparten clases de baile y el CSO Kike Mur realiza conciertos y cuenta con un huerto urbano. Estos son solo algunos ejemplos de los cientos de centros que luchan por alternativas reales para ofrecer sus entornos.

El colectivo de okupas es símbolo de rebeldía en un sistema que ha mostrado sus deficiencias y se enfrenta a una crisis, la enésima, que quizás signifique un fin. O, al menos, siguió un punto en el que repensar cómo debería ser el mañana.

CSO Kike Mur, uno de los últimos enclaves okupantes de Zaragoza Foto David Martínez

CSO Kike Mur, uno de los últimos enclaves okupantes de Zaragoza Foto David Martínez

Los medios de comunicación pueden levantar la bandera del miedo y criminalizar al movimiento de okupas como el demonio de nuestra sociedad. Al contrario, podemos verlo como una advertencia, un golpe que nos muestra que los recursos se deben gestionar de otra forma. Pensemos, huyamos de los gritos en las tertulias y de la espectacular noticia. Es hora de reflexionar. Hay un futuro por construir.

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