Geopolitics

SALAFISMO YIHADISTA EN LIBIA

Por GUIDO FELD3 y DENISE VELAZQUEZ4

3 Magister en Estudios Internacionales por la Universidad del cema UCEMA, Diplomado en Derechos Humanos y Genocidio por la Universidad del Museo Social Argentino UMSA. Formador en el Museo del Holocausto de Buenos Aires y Profesor de Grado en Gestión de Recursos Humanos en el Instituto Tecnológico Buenos Aires ITBA.

4 Maestrando en Diplomacia y Política Exterior por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), Profesora de Grado en la Universidad de Buenos Aires.

Introducción

La incursión y expansión de la corriente salafista yihadista en Libia es combatida desde los tiempos de Gadafi, quien persiguió a estos grupos de tendencia terrorista considerándolos uno de los principales focos de peligro a la seguridad de su gobierno.

A partir de las protestas de febrero de 2015 originadas en la ciudad de Bengasi, la nombrada “primavera árabe”, comienza el inicio de la desintegración estatal tras la muerte de Muamar el Gadafi.

En el presente artículo se intentará marcar un hilo conductor a partir del cual se expondrá la fragmentación libia como un escenario propenso al avance del salafismo yihadista. Es importante entender que la lucha por el control de Libia está marcada por conflictos tribales, regionales, políticos y religiosos.

La fractura en el sistema de gobierno de Libia ha dejado profundas grietas, las cuales han deteriorado significativamente la estructura del país. Este quiebre ha lacerado la seguridad interna, la economía y ha sumido al país en una profunda guerra civil que en la actualidad no se ha resuelto, involucrando actores de diferente índole.

Para poder entender este entramado, este artículo se dividirá en tres partes: una revisión de los actores estatales y no estatales para poder entender la estructura del conflicto civil; el análisis de la incursión de la corriente Salafista Yihadista tomando como actor referente al autodeterminado Estado Islámico en Libia, y finalmente las conclusiones del caso.

Palabras Clave: Yihad – Libia – Estado Fallido – Terrorismo – Guerra Civil – Conflicto.

1.- Panorama político y social libio

Libia se encuentra fragmentada y cada coalición ha creado instituciones de gobierno y nombrado jefes militares produciendo divisiones internas.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) intentó intermediar buscando una solución al conflicto y así poder crear un gobierno de unidad. Para esto, el enviado especial de la ONU en Libia Bernandino León seguido por Martin Kobler, facilitó una serie de conversaciones entre la Cámara de Representantes (HoR) con sede en Tobruk y el Gobierno de Transición libio (GNC) con sede en Trípoli. Las conversaciones dieron como resultado un acuerdo político libio y la creación del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) apoyado por la ONU.

Libia en febrero de 2016.

Los intentos de crear un gobierno de unidad fracasaron ya que la Cámara de Representantes (HoR), Khalifa Haftar y el GNA compiten por el poder. Ambos órganos de gobierno han creado sus propios bancos centrales y han consolidado el control sobre los campos petroleros.

En septiembre de 2018, el GNA declaró el estado de emergencia en la capital de Libia, Trípoli, a menos de una semana de que entrara en vigencia el alto el fuego. Desde entonces los grupos armados rivales, incluidos los grupos de milicianos leales a Haftar, como el Ejército Nacional Libio (LNA) -ex aliado de Muamar el Gadafi- y las fuerzas de seguridad del GNA, han seguido luchando por el acceso y control de los campos petroleros regionales.

Esta segregación genera una línea muy delgada para frenar el posible avance de fuerzas milicianas, que cuentan con un importante arsenal luego de la muerte de Muamar el Gadafi.

Actualmente, en Trípoli existen cuatro fuerzas principales que están dominando el juego de poder no estatal, si bien prefieren ser consideradas “brigadas”, todas ellas luchan contra el poder del general Haftar:

Revolucionarios de Trípoli: se trata de una de las milicias de mayor influencia, armamento y poderío, liderada por Haitham al-Tajuri. En un principio su zona de influencia se encontraba a las afueras del sur de Trípoli (Warshefana), centrándose en la expulsión de milicias simpatizantes de Haftar.

Brigada de Abu Salim: Liderado por Abdul Ghani al-Kikli (cuyo apodo es Ghaniwa). Dentro de las principales características de esta milicia se destaca que han tenido enfrentamientos internos, los cuales llevaron en julio de 2018 a la muerte de uno de sus líderes. A su vez, se le atribuye el ataque y saqueo a un campamento de desplazados en Tawergha. Por otra parte, se han reportado enfrentamientos con la Brigada de Nawasi.

Batallón Nawasi: Esta brigada controlada por la familia Qaddur, tiene una corriente islamista y en un inicio su afinidad se vinculaba con el Frente de Salvación Nacional (que actualmente no cuenta con apoyo ni reconocimiento internacional).

Fuerzas especiales de disuasión: Este grupo, que ha tomado control del aeropuerto operativo de Trípoli (aeropuerto de Mitiga, el cual fue bombardeado el 8 de abril de 2019 por las fuerzas armadas del Ejército Nacional de Libia), tiene una corriente ideológica salafista. Liderado por Abdel Rauf Kara, esta milicia ha actuado de policía contra el tráfico de drogas extendiéndose a la persecución de presuntos miembros del DAESH.

En un contexto de gran desestabilización del país, estos cuatro frentes, si bien existen otros, son considerados “los cuatro grandes de Trípoli” y se reparten el control de la ciudad. No obstante, que estén en contra del poderío de Haftar no evita que exista entre ellos algún enfrentamiento. Por ejemplo, la Brigada de Abu Salim se ha enfrentado militarmente al Batallón de Nawasi, o bien Los Revolucionarios de Trípoli han perdido territorio debido a las Fuerzas Especiales de Disuasión.

Fuente: Mapa de los grupos armados presentes en Trípoli en junio de 2018 // © Small Arms Survey (tomado de Las milicias en Libia, un obstáculo para la paz – Por Youssef Bouajaj y Airy Domínguez. 6 de noviembre 2018).

2.- La Yihad en Libia

Nuestra esfera de análisis será la incursión de la corriente salafista yihadista en Libia, tomando como referente al autoproclamado Estado Islámico, en adelante DAESH, que opera en este país desde febrero de 2015 y rápidamente obtuvo el control de la ciudad costera de Sirte -el bastión más importante del grupo fuera de Siria e Irak-. Si bien en julio de 2018, Haftar anunció que el ejército libio había tomado la ciudad de Derna, el último baluarte del DAESH en el Este de Libia, se considera que continúan operando en todo el país a pesar de una aparente disminución de su repercusión.

3.- La debilidad del Estado como factor de proliferación para el Yihadismo

Al existir un convulsionado contexto, los fuertes cambios generan perturbaciones de fondo que comienzan a generar una metamorfosis en la estructura fundamental del estado, suscitando la aparición de diversos actores que se posicionan como un contrapeso de poder. Éstos, generan una crisis de estabilidad gubernamental que deteriora las instituciones desde sus bases.

Manuel Alcántara Sáez5, en su libro “Gobernabilidad, Estabilidad y Sistema Político”, vincula el concepto de estabilidad en los países en vías de desarrollo al aspecto socioeconómico, respecto del entendimiento de los factores políticos en función de la capacidad de producir resultados económicos y de esta forma procurar el crecimiento y reducción de la brecha de socioeconómica. (Ruiz Medrano, 2011, p. 95).

Por otro lado, la gobernabilidad es estudiada desde la aparición de situaciones que generen una crisis política, y estas pueden ser pertinentes a dicha esfera pero, por otro lado, a la social y económica, que no pueden disociarse para el análisis. “Se habla de crisis de gobernabilidad como la incapacidad de los gobernantes y como consecuencia de las demandas excesivas de los ciudadanos. Desde esta perspectiva la ingobernabilidad es causada por el sistema político y por la sociedad al mismo tiempo.” (Ibidem, P.96).

En ese punto puede observarse como aparece implícito el Estado como contrato social, y como un desequilibrio en esa relación puede generar una crisis institucional.

Ruiz Medrano6 plantea entonces que, “un Estado será fallido, considerando los conceptos de gobernabilidad y estabilidad, si es incapaz de producir las condiciones necesarias para su propio mantenimiento y el de la sociedad, y poder revertir los efectos negativos de los contextos de crisis.” (Ibidem).

Entonces, reconocer que las bases institucionales de Libia presentan una fallida consolidación del dúo gobernabilidad y estabilidad, nos ayuda a entender su vulnerabilidad y cómo ésta se convierte en una puerta de acceso a diversos movimientos desestabilizadores de orden y propulsores de la violencia.

Tanque dañado a las afueras de Misrata, 2012.

El yihadismo como corriente de proliferación de la violencia global es un actor de relevancia en Libia. La falta de estabilidad de las instituciones del Estado ayuda a que actores como el DAESH penetren en sus más profundas raíces.

5 Politólogo y catedrático español de la Universidad de Salamanca.

6 Doctor en Derecho Internacional Privado por la Universidad de Valencia, España, con especialidad en Propiedad Intelectual, Maestro en Derecho Internacional Privado y Licenciado en Derecho

4.- Auge, caída y transformación del DAESH en Libia

Abu Bakr al-Baghdadi, líder de la agrupación terrorista, anunció su presencia en Libia a finales de 2014 formalizando su operatoria desde febrero de 2015, en las ciudades de Derna, Benghazi y Sabratha; para luego avanzar hacia Sirte y así penetrar en el núcleo petrolero. Esto puso en alerta a la comunidad internacional, sumado a que esta situación se daba en medio de un vacío de poder y sin una figura gubernamental de mando.

Es así que, cuando se cierra el acuerdo de Skhirat, a finales de 2015, el primer ministro del Gobierno de Acuerdo Nacional, Fayez al-Serraj, autoriza los ataques aéreos acontecidos en agosto de 2016. A su vez, se produce la proliferación de varios movimientos anti islámicos y finalmente, el control de Sabratha y Derna. Es en este momento cuando el territorio ocupado por DAESH comienza a acotarse, quedando básicamente relegado a Sirte.

Abu Bakr al-Baghdadi

En palabras de Lachlan Wilson y Jason Pack7, en su artículo “The Islamic State’s Revitalization in Libya and its Post-2016 War of Attrition” (Combating terrorism center at west point, 2019, vol.12, I.3, P 24):

“El mandato territorial del grupo se había expandido de enero a mayo de 2016, pero luego de que las fuerzas del Estado Islámico invadieran a Abu Grein en mayo de 2016 (…) fuerzas del GNA -alineada a la coalición de milicias Misratan Bunyan al-Marsus – avanzó sobre Sirte y pronto se hizo cargo de sus suburbios exteriores. En agosto de 2016, Estados Unidos comenzó a proporcionarle apoyo aéreo, lanzando ataques contra objetivos blandos en toda la ciudad. (…) el Estado Islámico fue declarado “totalmente” derrotado y expulsado de Sirte.”

Los autores plantean que desde inicios de 2017 el DAESH sito en Libia “ha emprendido una estrategia de nikayah , o una “guerra de desgaste”, como su nuevo principio militar”. Es interesante este análisis dado que plantea un retroceso en la estrategia del grupo, volviendo a una suerte de inicio en la jugada, a partir de la cual no se aplica una estrategia expansionista, sino que se pretende el debilitamiento del Estado y así poder ganar posiciones a partir del agotamiento de su adversario.

Es así, que podemos entender un radical cambio de enfoque por parte de DAESH, pasando de ser un actor relevante de presencia constante, como en sus momentos de auge en Irak y Siria, a un actor partido en células que ataca desde las sombras con embestidas poco frecuentes a objetivos muy puntuales, relevantes. Un ejemplo de esto fue el ataque contra la Alta Comisión Electoral Libia (HNEC, según sus siglas en inglés), el 2 de mayo de 2018, en el cual cuatro sujetos atacaron la sede de las comisiones electorales.

Datos de enero de 2017.

En aquel momento el GNA lo calificó como un ataque terrorista, mientras que la Fundación Nashir (uno de los canales de comunicación de DAESH) se autoproclamó el hecho.

Observando los ataques más significativos, Wilson y Pack vislumbran que los mismos se enfocan preferentemente en debilitar al GNA, a pesar de la marcada postura anti islamista del mariscal Haftar (líder del LNA). Si bien esto parece desenfocado, es interesante analizar este punto desde la perspectiva de la gobernabilidad y estabilidad institucional.

Los autores postulan que puede asumirse que el GNA, al contar con el apoyo de la ONU, podría presentar un perfil más cualificado para la conformación definitiva de un Estado en Libia. El DAESH, como una organización desestabilizadora de las bases institucionales, va a competir directamente por el control de los recursos sociales y económicos.

En definitiva, el mapa de la realidad libia se conforma por una fractura profunda de las instituciones, una bifurcación pronunciada del poder, desestabilidad en el control de los recursos, una economía deteriorada y una sociedad que necesita sentirse segura. En medio, existen filtraciones que permiten la proliferación del accionar violento por parte de diferentes grupos no estatales, entre ellos el DAESH en Libia, que hoy se presenta, metafóricamente, como una metástasis del terrorismo global en territorio libio.

7 Jason Park es el fundador de Libya-Analysis LLC. Trabaja como becario del Middle East Institute.

Lachlan Wilson es el director de Libya-Analysis LLC y posee más de una década de experiencia académica en análisis en Think thank.

Conclusiones finales

Tal cual podemos observar, si bien la guerra civil Libia está lejos de terminar por la multiplicidad de actores enfrentados entre sí, desde la desaparición física de Daesh en 2017 con la toma de su último bastión, Sirte, el Yihadismo pareciera haber perdido representantes en el campo libio ya que otros grupos han adquirido mayor visibilidad dado el conflicto institucional que existe y, sobre todo, teniendo en cuenta el cambio de estrategia de Daesh respecto al 2016.

En otros casos se pudieron dar situaciones de convergencia, es decir, que tanto una organización Yihadista como una organización tribal acuerdan una alianza para colaborar entre sí como un grupo unificado, pero ninguno de los dos deja de lado sus propios objetivos ideológicos si no combaten juntos temporalmente a un enemigo en común.

El General Haftar.

Otro caso sería el caso de Daesh, ya que esta organización continúa combatiendo al gobierno de Tripoli pero al mismo tiempo intentan esquivar la ofensiva de las fuerzas de Haftar. Si el equilibrio militar en la guerra civil se modifica, algunos de estos grupos o remanentes podrían volver a separarse de la organización que los mantiene unidos y combatir de forma independiente nuevamente.

Es interesante notar cómo el yihadismo quedó invisibilizado por la propia dinámica de la guerra civil, en la cual, si bien el Daesh y otros grupos yihadistas no la generan, la utilizan como excusa para acrecentar la destrucción institucional del Estado. La pérdida de protagonismo del yihadismo producto del poder de otros actores, sin embargo, no significa que el fenómeno haya desaparecido del conflicto libio. En este contexto de destrucción estatal, los grupos yihadistas pueden moverse con mayor comodidad para operar y llevar adelante su agenda política.

Para finalizar, es importante mencionar que la inestabilidad en Libia genera que grupos Yihadistas extranjeros o células de Daesh puedan utilizar a Libia como un medio para llegar a Europa ya que es un país costero y no hay una autoridad central fuerte que pueda controlar el territorio y las migraciones producto del conflicto armado.

Referencias Bibliográficas

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Lachlan, W. and Pack, J. (2019) The Islamic State’s Revitalization in Libya and its Post-2016 War of Attrition. Combating Terrorism center. West Point, New York, Estados Unidos. Fecha de consulta: 06 de octubre de 2019. URL: https://ctc.usma.edu/app/uploads/2019/03/CTC-SENTINEL-032019.pdf

Naciones Unidas (2019) El Consejo de Seguridad tiene la responsabilidad de detener la guerra en Libia. Naciones Unidas. USA. Fecha de consulta: 25 de septiembre de 2019. URL: https://news.un.org/es/story/2019/07/1459881

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