Foreign Policy

Quita tus manos de los pechos de Emilia

Retrato de Emilia Pardo Bazán. AUTORES: JOSÉ FERNANDEZ CUEVAS Y ANTONIO MANCHÓN QUÍLEZ / Licencia CC0

El Pazo de Meirás, construido por iniciativa de la escritora gallega Emilia Pardo Bazán en 1893 y concedido a través de un acción fraudulenta de compraventa contra Francisco Franco en 1941, ya es patrimonio del Estado. Hasta hace poco, el Pazo había estado ocupado ilegítimamente por el clan Franco durante 82 años, muchos más de los que Emilia o sus herederos podían disfrutar.

Coincidiendo con el hecho de que Meirás es noticia, estos días se ha vuelto a hablar de Emilia Pardo Bazán. Específicamente, de su correspondencia. En un par de medios el testimonio de Guillermo Blázquez, librero de la Cuesta de Moyano –Donde se ubican un buen número de las librerías antiguas más importantes de Madrid– asegurando haber visto y mirado hace treinta años algunas de las cartas que Benito Pérez Galdós envió al que fue su gran amigo y cómplice en innumerables esfuerzos literarios y esfuerzos vitales durante varias décadas. Además, ambos mantuvieron, de forma intermitente y en distintos niveles de intensidad, una relación sentimental.

Blázquez afirma que las cartas estaban entonces en posesión de un coleccionista privado, un importante académico cuya identidad, sin embargo, oculta. No se comprende, en este orden, por qué ahora cuenta algo que vio hace treinta años; por que se esconde la identidad del coleccionista; y por qué ciertos medios se han hecho eco de un testimonio carente de información verificable.

No es presentable pasar como noticia el testimonio de alguien que asegura haber visto unas cartas hace treinta años y titular ‘Un librero madrileño accede a las cartas apasionadas de Pérez Galdós a Pardo Bazán’ como ha hecho El País. O, en el caso de Cadena Ser ‘Un coleccionista particular conserva las ardientes cartas de Pérez Galdós a Pardo Bazán que se creía destruidas, según ha confirmado un librero histórico de la Cuesta de Moyano’. El titular no se corresponde con lo que se cuenta en el cuerpo de la noticia. Los adjetivos “apasionado” y “fogoso” terminan desacreditando la información por ser rosada y sensacional.. Nada de esto es presentable.

¿Es presentable hacer depender la verosimilitud del testimonio de la credibilidad personal y profesional del librero como única prueba de que lo que cuenta es verdad? Tampoco lo es.

Sin entrar a juzgar si la historia que cuenta Guillermo Blázquez es cierta o no, algo que es imposible de dilucidar porque solo él la conoce, espero que -por si acaso- de Patrimonio o de la Xunta.le cito para que dé el nombre del presunto cobrador. Si existe, puede estar en posesión de documentación que, si fuera real, debería ser trasladada lo antes posible a Meirás, donde se encuentra el grueso de la biblioteca privada de Emilia Pardo Bazán, y de donde nunca debieron haber salido esas cartas. Si alguna. hecho.

Así como no me permito dudar de la profesionalidad y credibilidad del librero, porque simplemente no tengo ninguna razón para hacerlo, hago la de los periodistas. No solo porque no haber comprobado los escasos datos que aporta Blázquez, pero porque o estoy muy equivocado o si no recordaba lo antes mencionado que escribió Galdós sobre “comerse las pechugas” de Pardo Bazán, no habría habido noticias. Estas cartas son interesantes porque han sido descritas, en un acto de reduccionismo inexcusable, como “apasionadas” y “fogosas”..

No nos engañemos. Si el librero hubiera recordado, digamos, que Galdós dedicó tres párrafos devastadoramente críticos a una novela de Pardo Bazán en una de esas cartas, a pesar de haberla elogiado en público, ¿se habría publicado esa información sin ningún sustento documental o investigación lo que circunstancialmente validará? ¿eso? No, porque esa información, por jugosa e incluso “escandalosa” que hubiera sido, no habría despertado tanto interés como un par de pechosQué bien sirven al propósito de ser noticia y vender humo, instrumentalizando, en este caso, la vida privada de Emilia Pardo Bazán.

Todo este asunto también revela la completa falta de sensibilidad histórica de ciertos periodistas, la tendencia a interesarse solo en lo anecdótico a costa de no poner el foco donde realmente importa. Mientras jugamos al detective y hablamos de los pechos de Doña Emilia, nos entretenemos lo suficiente como para ignorar algo tan importante como que es más que probable que se haya perpetrado un crimen. saqueo de la documentación del escritor. Pero antes de pasar al tema del pillaje y de Meirás, permítanme una nota.

Reducir la relación entre Galdós y Pardo Bazán a su contenido erótico, o darle una excesiva importancia -a partir de convertirlo en un titular y burlar el asunto- no es entender que lo extraordinario de él.La relación entre los dos es que fue entre iguales y que cuando hay respeto y comprensión intelectual, el erotismo es evidente. Construir una relación de estas características en la España del siglo XIX supuso la transgresión de ciertas convenciones, pero también el mantenimiento de interdicciones inquebrantables. Si Emilia pudo amar y desear a Benito de la forma en que lo hizo, fue porque permaneció casada. Si Benito pudo tener la relación que tenía con Emilia es porque se quedó soltero.

La libertad de ambos para interactuar con autonomía y atención a sus respectivos deseos fue posible bajo ciertas circunstancias históricas – y en un círculo social e intelectual muy específico – que deben ser tomadas en consideración. Si la correspondencia quiere ser leída con especial atención al tema de la sexualidad y los sentimientos, que es perfectamente legítimo y relevante, Se requiere rigor como en cualquier otro campo de análisis sobre el pasado.. El chiste rancio es superfluo, aburrido y distrae, en el peor sentido de la palabra. La historia tomada en serio, cuando se la entiende como mucho más que una recopilación de anécdotas, también entretiene a los amigos periodistas. Y encima, enseña.

Y finalmente, Meirás, el saqueo de la familia Franco y lo que hacemos con el Pazo. Un elemento fundamental del franquismo como proyecto cultural fue el intento de suprimir cualquier vestigio de un pasado liberal. El siglo XIX tuvo que ser borrado de la historia en la medida en que la República se interpretó como su conclusión final, su última consecuencia. La dictadura bloqueó el pasado e inventó una hazaña y un futuro que comenzó en el año cero. La quema de la documentación de Emilia Pardo Bazán, ese “auto de fe”, como lo llamó Ricardo Gullón, quien por cierto aseguró que un oficial del ejército le dijo que Carmen Polo lo había ordenado; Será por testimonios… – Fue una de las muchas acciones políticas destinadas al cumplimiento de ese programa. La aniquilación del adversario y la reinvención del pasado funcionaron en la misma dirección.

Meirás suma a la memoria de su dueño, un Escritor liberal conservador, en cierto modo bastante reaccionario, clasista, españolista y feminista de vanguardia -Emilia era mucha Emilia-, la del saqueo y ocupación del Franco. Para la dictadura, Pardo Bazán pudo ser una escritora distinguida, pero también fue una liberal e iconoclasta. Su vida privada lo demostró, al igual que su literatura. En consecuencia, a la apuesta – real y figurativa – con ella. Si algo se salvó de la quema, y ​​es posible que así fuera, o si algo se le dio después de su muerte y se encuentra escondido en algún lugar, algo mucho menos probable, es obligación de las instituciones recuperarlo.

Pero además, el Estado y la Xunta tienen pendiente acordar la creación de un lugar de recuerdo en el Pazo. No se trata de que Meirás se dedique a la recuperación de la memoria de Emilia Pardo Bazán, como pretende la presidencia de la Xunta, subrayando su feminismo e ignorando muchos otros aspectos políticos suyos que son mucho más controvertidos, por cierto. , en un tosco intento de instrumentalizar el gallego –Otro más– y evadir la condena de la dictadura. No podemos borrar la dictadura de Franco, así como Franco no pudo borrar el siglo XIX español, y no debemos hacerlo. El pasado es terco y siempre exige interpretación, especialmente cuando es conflictivo y aún nos alcanza. El clan Franco ha abandonado el Pazo estos días. Recordemos a Faulkner: «El pasado nunca es pasado. Ni siquiera es pasado ».

Meirás es un lugar que tiene una densidad histórica extraordinaria. En el Pazo de los siglos XIX, XX y XXI se ligan el liberalismo, el republicanismo, la dictadura, la transición y la democracia y, sin ser menor cosa, la vida de Emilia Pardo Bazán y Francisco Franco, dos personajes históricos de enorme posteridad; más oscuro y más miserable que el del segundo. La historia son esos nudos y la memoria democrática es un intento de deshacerlos en aras de la necesaria convivencia. Mientras todos decidimos cómo elaborar esa memoria democrática que desata la historia, que pone a todos en su lugar y sirve para apalancar nuestro consenso, por favor, quita las manos de los pechos de Emilia.

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