Foreign Policy

Plebiscito en Chile: la hora de los desaparecidos

Celebración en Valparaíso tras la realización del referéndum en Chile. REUTERS / RODRIGO GARRIDO

Este artículo se publicó originalmente en Open Democracy. Puedes leerlo aquí.

El domingo 25 de octubre se viralizó un video en las redes sociales chilenas. Nancy, una mujer mapuche, fue entrevistada por quien aparentemente es su hija, quien le preguntó qué esperaba de la votación de ese día. Nancy, sobre el plebiscito sin precedentes para cambiar la Constitución que dejó Pinochet y que ganó la ciudadanía chilena, se emociona, mira al cielo y dice: “Espero un mejor país para ti”.

Millones de chilenos y chilenos marcaron su voto este domingo con la esperanza de que las cosas cambien. Si no fuera por esto, para las generaciones venideras. La opción ‘apruebo’ para cambiar la constitución ganó con alrededor del 80% de los votos, al igual que la alternativa de que el nuevo texto sea elaborado por un organismo 100% elegido por los ciudadanos (y no compuesto en su mitad por congresistas actuales, como era la opción).

Los resultados repiten el mensaje con el que los ciudadanos chilenos se movilizaron el pasado mes de octubre: «No más abusos«. En un país donde la desigualdad hace que quienes están en el poder tengan un nivel de vida nórdico, mientras que otros viven en condiciones similares a las de África, “no más abusos” no es solo un no a las instituciones dejadas por la dictadura. “No más abusos” es también un grito de que, por primera vez en décadas, se escuchen con fuerza las voces de quienes se les ha negado el poder en todas sus formas.

El proceso constitucional chileno no es solo una oportunidad para cambiar el funcionamiento del Estado, también es el momento en el que todos hemos gozado de los privilegios que nos ha dado el sistema, damos espacio a los que el sistema ha perjudicado.

Esto significa abrir los medios a voces que no tienen los tradicionales marcadores de autoridad o protagonismo que tanto han levantado los periodistas, pero cuya experiencia es precisamente la más valiosa para definir cómo vamos a cambiar las cosas. También significa asegurarse de que Personas con trayectorias de vida diversas (especialmente socioeconómicas, étnicas, de género y orientación sexual) son las que redactan y negocian nuestra nueva Constitución.

Si el proceso constituyente comienza con la sensación masiva de que quienes lo llevarán a cabo son los mismos de siempre, ¿qué esperanza podemos entregar? Desde Smart Citizenship pondremos nuestras capacidades y experiencia a disposición de la diversidad y representatividad del proceso, porque sabemos que Chile ya no puede esperar.

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