Foreign Policy

Pasarán, Azarías será eterno

“[…] Señorito Iván le sacó la lengua, una lengua tan larga, gruesa y lívida, pero Azarías ni siquiera lo miró, solo sostuvo la cuerda, cuyo extremo ahora ató el matadero en el que estaba sentado y se frotó una mano con la otra. y sus labios esbozaron una sonrisa tonta, pero aún así el señor Iván, o Las piernas del Sr. Ivan, experimentaron convulsiones extrañas, espasmos electrificados, como si se pusieran a bailar solos y su cuerpo se balanceara un rato en el vacío hasta que, al final, quedó inmóvil ”.

Así termina Los Santos Inocentes, una de las obras más importantes de Miguel Delibes. En este final, el inocente Azarías termina vengándose del Señorito Iván colgándolo de un árbol después de que mató a su “bella milana”. En la adaptación de la novela de Mario Camus, Paco Rabal Fue el encargado de dar vida a Azarías en un papel magistral que le valió el Premio de Interpretación en el Festival de Cannes de 1984, que también compartió con Alfredo Landa, quien interpretó a Paco ‘el Bajo’.

Rabal es un símbolo. Rabal, en el papel de Azarías, una leyenda. La interpretación sublimada a través de una pantalla. Los sentimientos y la rabia de clase se unen en un actor y un personaje. Miembro del Partido Comunista durante toda su vida, las palabras de un vecino de Alburquerque, localidad donde se rodó la película, y recogidas por el exdiputado extremeño Manuel Cañada, reflejan cómo fue: “A Paco Rabal le gustaba ir a las tabernas pequeñas, a las tasquinas. Los otros actores solo fueron a Tegamar, el bar de la plaza. Pero le gustaba ir a los bares donde iban los huroneros, los jornaleros más pobres, El lunes, La Mesa o Barra de Comisiones Obreras ”.

Y todo lo que Rabal representó es lo que quizás se pretendía destruir de la coalición que gobierna el Ayuntamiento de Albudeite, en Murcia, la comarca donde nació Paco Rabal en el municipio de Águilas. El Partido Popular y Ciudadanos presentó una moción para retirar el nombre del actor aquilino de la Casa de la Cultura. El objetivo era rebautizarla como “Profesor D. Antonio Cortés Vicente”, padre de la actual Concejal de Cultura, Silvia Cortés. La propuesta también incluyó arrebatar el nombre de los poetas de la calle Vicente Medina, también murciano, y el andaluz Rafael Alberti. Finalmente, después de que se formó la conmoción, lo retiraron. Incluso el presidente murciano, Fernando López Miras (PP), calificó la moción de “error”.

Lo que alegaron PP y Cs fue esto: “Es normal en nuestra historia cambiar el nombre de varias calles y en todos los municipios de nuestro país […] Desde el actual equipo de gobierno, actualizar, incluir y dar a conocer nuestro patrimonio personal y cultural es dar, en este caso, el nombre de una calle a una persona ilustre, asociación o cualquier movimiento productivo para nuestra sociedad. un premio simbólico y que sus acciones son motivo de un anillo de superación, prosperidad y entendimiento ”.

Si quisieran dar ese “premio simbólico” en forma de calle, podrían hacerlo eliminando Calle Arriba, o Calle Mayor, o Calle Hospital, nombres vacíos de contenido del mapa callejero. O, si quieres apostar por algo más grande, también puedes cambiar el nombre de la Avenida Príncipe de Asturias, que, además, ya ni siquiera existe. Yendo más allá, si la intención era ceder un edificio al padre del alcalde de Cultura, podrían haber quitado el nombre del Colegio Nuestra Señora de los Remedios.

Pero no. La intención, desde mi punto de vista, fue Pisotear lo que supone Paco Rabal, la intención era destruir Azarías y que las generaciones futuras nunca sabrán quién era y qué representaba. La derecha patriotero odia todo lo que, aun siendo español, no rebela a favor de sus intereses. Y las figuras de Paco Rabal y Azarías no solo reman en sentido contrario a lo que representan, sino que son una bofetada en las costillas de la reacción.

Fueron y son la dignidad de una clase maltratada por los suyos. Por tantos y tantos jóvenes como Iván que utilizaron a los trabajadores como perros para buscar las piezas que mataron a tiros. La respuesta a todos esos latifundistas que gestionaban y gestionan la tierra a su antojo en lugares como Extremadura o Andalucía, regiones que se han convertido en grandes cotos de caza para las aventuras de los de bolsillos llenos.

Odian la cultura crítica que no pueden torcer para mantener su discurso hegemónico de ganadores. Entonces hay quienes hubieran querido ver a Alberti en una cuneta y no entrar al Congreso de los Diputados. Desdeñan esa armonía de la que tanto hablan. Palabras vacías que se disuelven rápido. Desde el Ayuntamiento de Madrid los versos de Miguel Hernandez del Memorial de La Almudena: “Por la libertad me desprendo a balazos / de los que han hecho rodar su estatua en el barro”. En Córdoba recuperan nombres franquistas para el callejero de la ciudad.

Pero olvidan que los vientos del pueblo soplan fuerte y revuelven recuerdos. Que si no lograron enterrar la memoria del poeta del pueblo después de su muerte, no lo harán quitando una placa. Y eso, cuando no son nada, Paco Rabal y Azarías seguirán siendo eternos.

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