Foreign Policy

Luz de fuel

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Chesterton dijo que se espera que los cristianos se quiten el sombrero, no la cabeza, al entrar a la iglesia. Personalmente, no tengo ninguna intención de prescindir de la cabeza, en el sentido de renunciar a mis facultades intelectuales elementales, o hacerme el tonto o ser tomado por tal.

Las palabras de Su Santidad en apoyo a las uniones civiles homosexuales que cualquiera puede escuchar en el documental ‘Francesco’ han causado tal revuelo y contradicen tan claramente lo que ha sido la doctrina universal y constante de la Iglesia al respecto, que en The Secretary of El Estado ha considerado conveniente emitir un comunicado sin firmar al respecto explicando que en realidad no hemos entendido en absoluto al Santo Padre, y que su visión, naturalmente, coincide milimétricamente, en perfecta hermenéutica de continuidad, con lo que siempre se ha defendido.

Esta no es la primera vez. Ya nos estamos acostumbrando a que Su Santidad arroje una ‘bomba’ en una entrevista, a menudo en vuelo y casi siempre de manera informal, y luego el ‘explicador’ del Vaticano viene a decirnos que, en realidad, no quiso decir lo que absolutamente todo el mundo ha entendido.

Y, sí, es perfectamente posible oponer estas palabras del Papa a otras dichas en otro contexto que parecen contradecir al primero, pero eso no es precisamente consolador y se suma a la ceremonia de confusión que su afición por hacer declaraciones a todas horas. ha generado a menudo. con silencioso abandono.

Pero es pedir demasiado de nuestra credulidad para hacernos concluir que Francisco, durante años presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y Papa durante más de siete años, ignora el efecto que tienen sus declaraciones. Mucho más en este caso, en el que todo es blanco y en botella.

Veamos. Un productor de cine israelí, homosexual y activista LGTB, pretende realizar un documental hagiográfico del Papa, y la Santa Sede colabora en todo y hasta tal punto, dándole acceso a todo el material que pide, del que se podría hablar. sin exagerar demasiado de una coproducción vaticana.

El productor, ateo confeso, se reúne en privado hasta cuatro veces con el Santo Padre, en medio de una pandemia y en medio de restricciones, y el Vaticano otorga a la obra final un prestigioso galardón, además de publicitar profusamente su estreno. Y, en todo este proceso, ¿son todos los cooperadores del Vaticano, incluido el Papa, tan ingenuos y tan ajenos a las cosas de este mundo como para no notar el efecto de declaraciones cuidadosamente redactadas, de anticipar la reacción de los fieles y del mundo?

Todos hemos visto el resultado. La prensa generalista que se ha hecho eco del asunto ha aplaudido que la Iglesia finalmente bendiga y apruebe a las parejas homosexuales. La tiranía de los titulares es así, generalmente muy poco sutil, pero perfectamente predecible para quienes han pasado la mitad de su vida lidiando con la prensa.

Por lo demás, no es que lo que todos han entendido simpatice mal con un historial agotador de gestos ‘gay friendly’ en el Papa, incluido el nombramiento en un número desproporcionado de obispos y cardenales reconocidamente favorables a los grupos LGTBI. Desde el “¿quién soy yo para juzgar?” y el “Dios te hizo así” a estas afirmaciones hay, aquí, una verdadera continuidad, aunque siempre manteniendo la justa ‘negación plausible’ para que todo salga adelante y para llamar idiotas a todos aquellos que sientan alguna alarma por esta evidente deriva.

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