Foreign Policy

La regla contra el cambio climático: el costo ecológico de los productos menstruales de un solo uso

La huella de carbono de los productos menstruales de un solo uso alcanza los 5,3 kg de CO2, mientras que la de la copa menstrual es de solo 0,04 kg de CO2 equivalente al año. Foto: PIXABAY

Escocia ha sido el primer país del mundo en ofrecer tampones y toallas sanitarias gratis durante una semana. Ya lo hizo en escuelas y universidades pero la nueva legislación ahora amplía el estándar y estos productos también estarán disponibles en centros comunitarios, clubes juveniles o farmacias. La denominada ‘Ley de Productos Antiguos’ se centra en acabar con la pobreza menstrual – Según una investigación de 2018, en Escocia una de cada cinco mujeres no puede pagar los productos que necesita durante su período, y no hay duda de que influye en el discurso público sobre la menstruación cuando muchos países aún mantienen altos impuestos que convierten estos artículos en artículos de lujo. Esta medida, sin embargo, también plantea la necesidad de ir más allá.

Cuestiones como la normativa sobre residuos, cada vez más estricta en muchos territorios, y la importancia de evaluar el coste ecológico de los productos de un solo uso han llevado a algunos activistas medioambientales a señalar que la ley escocesa es insuficiente: el uso de tampones y toallas por encima de otros artículos reutilizables, como la copa menstrual o las almohadillas de tela, que no serán gratis. De esta forma, es obvio que “los residuos tienen un gran impacto medioambiental”, comenta Catherine Bozec, de Zero Waste Scotland, al medio EURACTIV.

El problema, como recuerdan organizaciones como Bozec, no es solo plástico –Componente principal de tampones y toallas sanitarias, casi el 90% -: estos productos de un solo uso están, en su mayor parte, elaborados con combustibles fósiles como el petróleo crudo. Además de las consecuencias climáticas (la quema de combustibles fósiles genera emisiones de CO2 que contribuyen al calentamiento global), las sustancias químicas que contienen pueden representar un riesgo para la salud.

En cuanto a la economía de las propias mujeres, según un informe de Zero Waste Europe realizado en Europa, utilizan una media de 12.000 productos menstruales a lo largo de su vida, lo que supone un gasto total de 1.500 a 7.500 euros según los países. En contraste, los costos de las alternativas reutilizables, estimados por el mismo estudio, rondan los 100 euros en países de la UE.

Un estudio pionero en las Illes Balears

“Es una lástima que Escocia no haya aprovechado la oportunidad para fomentar los productos menstruales que no son de un solo uso”, lamenta Roser Badia, ambientalista y coordinadora del Fundación Rezero en las Islas Baleares. Esta organización ha publicado esta semana un estudio pionero sobre los residuos que generan los productos de higiene menstrual con una subvención de la Dirección General de Residuos y Educación Ambiental que esta área del Govern Balear destina a proyectos de educación ambiental.

La orientación resultante de este informe explica y recomienda el uso de copas menstruales, ropa interior para este uso, compresas de tela, esponjas de mar o, como otra opción, sangrado libre – que precisan requiere práctica y un control del cuerpo que es mejor probar en casa. Lo hace mientras cuestiona el impacto de los productos de un solo uso no solo desde el punto de vista ambiental, sino también social y económico.

Los datos más impresionantes, por supuesto, son los que se refieren a las grandes cantidades de desechos que provienen de los productos menstruales de un solo uso: alrededor de 180 kg por persona que menstrúa y durante toda su vida fértil. El estudio se basa en estimaciones a nivel europeo ya que “los fabricantes no publican sus datos de ventas”, explica Badia, quien también señala la responsabilidad de las empresas multinacionales al respecto. “Deben tener la obligación de asumir los costes que realmente tiene la gestión de sus productos, como, por ejemplo, la limpieza marina. Esto es algo que los fabricantes no asumen y que debería incorporarse al producto en sí, no puede ser que sea tan barato de contaminar ”, prosigue la ambientalista.

En este sentido, el informe detalla que el valor del mercado global de productos de higiene menstrual fue de 26 millones de dólares en 2019 y se espera que alcance los 37 mil millones en 2025, lo que representa una tasa de crecimiento anual del 6,2%. En Europa hay tres las multinacionales que dominan el sector: Procter & Gamble, Edgewell Personal Care y Kimberly-Clark. Los dos primeros son propietarios de Tampax, Eva y Ausonia, que controlan el sector en el ámbito español.

Consecuencias para el clima

Según esta guía, la huella de carbono asociada a los productos menstruales de un solo uso que usa una persona a lo largo de un año -se estima que, en promedio, cada persona consume 32 por período- alcanza los 5,3 kg de CO2. Por el contrario, la misma estimación para la copa menstrual es de 0,04 kg de equivalente de CO2 por año. Según el análisis de vida de los productos reutilizables, una persona que menstrúa (el informe utiliza este término para incluir, además de las mujeres, los hombres trans y las personas no binarias) puede Evite 26,1 kg de CO2 equivalente cada cinco años si reemplaza los tampones con una copa menstrual.

El estudio también recuerda que la obtención de algunos componentes de productos menstruales de un solo uso contribuye a la deforestación, como es el caso de la pulpa de madera, presente en tampones y compresas y que actúa como material absorbente. Además de los materiales, Badia señala como uno de los grandes impactos ambientales “donde terminan estos productos”. “La mayor parte del tiempo en vertederos o en el mar”, explica.

Esto último se debe al hecho de que a menudo se tiran por el inodoro. «Cuando colapsa el sistema de filtración y drenaje de aguas residuales, por ejemplo, cuando hay inundaciones, los productos menstruales se vuelven uno de los principales desechos marinos flotantes«.

Para esta ambientalista, todavía hay cierto “estigma” hacia la menstruación: “La época se considera algo sucia, es un bagaje que llevamos a nivel cultural”. La consecuencia, dice Badia, es la ignorancia y la desinformación. “No tiene ningún valor profundizar el conocimiento sobre los ciclos menstruales ni a nivel educativo ni social”, insiste. Algo que atribuye, entre otros factores, a algunos Intereses económicos: “Los productos reutilizables no tienen la influencia mediática que tienen las empresas multinacionales de productos de un solo uso”, explica. Ahí radica la importancia de datos como los de este informe porque, como recuerda la ambientalista, “un producto como la copa menstrual puede ser más caro en estos momentos pero lo cierto es que a la larga sale mucho más barato”.

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