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La pandemia en el Salto: poner la información al servicio de la salud

Era una mañana de principios de marzo de encierro. Recuerdo el hilo de noticias que se coló por algunos medios dando los primeros datos descontextualizados sobre muertes en residencias, al mismo tiempo que mi teléfono no dejaba de sonar. Desde El Salto ya habíamos elaborado algunos informes sobre estos centros, analizando principalmente su falta de personal, las pésimas condiciones de vecinos y trabajadores y el tipo de empresas que los hogares de ancianos manejaban con miseria.

Los fondos buitre ya estaban planeando el negocio y para algunos de nosotros los nombres de DomusVi o Amavir no eran ajenos. A través de WhatsApp, Telegram y Facebook, familiares de vecinos y trabajadores, que ya habían participado de nuestra información, me contactaron debido a la gran incertidumbre reinante. Las residencias eran bunkers y dentro de la precariedad, la ausencia de material protector y los pocos espacios disponibles para realizar aislamientos efectivos fueron el caldo de cultivo perfecto para la propagación del virus. Ellos estaban asustados. Los trabajadores porque asistieron con impotencia cuando se intuía una tragedia y los familiares porque no tenían noticias. Querían hablar para que se supiera y se supiera. Y empezamos a darles espacio. Ese fue uno de los frentes con los que El Salto inició la cobertura de la pandemia.

Poco a poco, el testimonios sobre la no derivación de residentes a hospitales. El sentimiento de impotencia de muchas personas que informaron que un familiar había muerto solo y sin oxigenoterapia. Llegaron a nuestras puertas quejas tan duras como difíciles de probar. Los documentos con criterios de no derivación firmados por líderes políticos que luego publicamos estaban pendientes de trascender.

Tuvimos debates difíciles sobre cómo canalizar toda esa información.

También comenzaban a llegar testimonios de los hospitales. Recibimos noticias de la aplicación de criterios selectivos para el uso de respiradores. Debatimos si esa información debía trascender de inmediato, porque ante una situación sin precedentes como la que nos enfrentamos, no sabíamos si era mejor no alimentar el alarmismo o registrar lo que estaba pasando. Elegimos el segundo. Pero también intentamos contextualizar y analizar el estado previo de salud pública. Sabíamos que décadas de recortes y privatizaciones estaban en gran parte detrás de la escasez de materiales y personal. Aunque una catástrofe de este tamaño era impredecible, partimos de un sistema de salud debilitado que hizo poco para detener el virus. Nuestra revista de julio trató de analizar todos los detalles que nos habían llevado a este estado.

imagen de la letra de sara plaza

Pasaron los meses y el asombro inicial se convirtió en rabia. Entre los ciudadanos y entre el personal de salud. La improvisación, que podría justificarse en las primeras etapas, fue profundizando la precariedad de los sectores de la salud y se impusieron medidas restrictivas que no fueron acompañadas del refuerzo de la atención primaria, clave para frenar la pandemia. Como medio que siempre ha dado espacio a las luchas laborales, comenzamos a difundió las primeras protestas de la desescalada. Tras los aplausos, las concentraciones llegaron a las puertas de los centros de salud. Entonces la huelgas en los diferentes sectores. Y, finalmente, la oposición a soluciones gigantescas y controvertidas como la Hospital Isabel Zendal.

Y estamos en esos. Gracias a su apoyo, continuaremos auditando el gasto público en salud, mientras denunciamos las condiciones laborales del personal. Seguiremos revelando lo que sucede dentro de las residencias, dentro de los hospitales y dentro de los centros de salud. Recogiendo las demandas y también las victorias. Influir en la salud como un derecho universal que hay que cubrir al 100% para que ninguna pandemia nos pille al descubierto.

Desde El Salto tenemos claro que la información hay que ponerla al servicio de la salud. Lo sabemos, Más allá de los intereses comerciales, el derecho a la vida, pero que merece ser vivido, debe estar en el centro.

Y esa es la principal preocupación que compartimos contigo.

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Leemos en 2021.

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