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La defensa de los animales y el ecologismo ¿en qué se distinguen ambos movimientos?

El ecologismo defiende la conservación de los ecosistemas, las poblaciones, las especies y otras entidades naturales. En línea con esto, considere a los animales como parte del entorno que nos rodea a los humanos.

La defensa de los animales tiene un enfoque muy distinto. No ve a los animales (o, para hablar con más propiedad, a los animales no humanos) como una parte del entorno que nos rodea. Por el contrario, los ve como parte de nuestro propio grupo. ¿Cómo es esto? Porque nuestro grupo más fundamental, más definitorio, no es ni la especie ni la nacionalidad ni ningún otro grupo más o menos arbitrario. Es el de los seres que pueden sentir y sufrir. Esto es, el de los seres sintientes. Somos sintientes todos aquellos seres que tenemos estados mentales subjetivos, esto es que tenemos experiencias propias, que experimentamos lo que nos pasa.

Los seres sintientes sentimos y sufrimos, y por ello nos puede dañar lo que nos hagan. Tenemos eso en común, independientemente de cuál sea nuestra especie o cualquier otro colectivo al que pertenezcamos. El interés en no sufrir y en disfrutar de alguien no cambia por pertenecer a una especie u otra.

Ninguna otra circunstancia, como la inteligencia que alguien tiene, o sus relaciones de simpatía con otros individuos, podría hacer que reciba a alguien más respeto que el resto. Si así fuera, habría que respetar más a ciertos seres humanos que a otros en función de su inteligencia o de a quienes les cae mejor. La mayoría pensamos que esto es claramente inaceptable. Y ello parece correcto, pues lo que hace que podemos sufrir daños no son ni la inteligencia ni la simpatía, sino el mero hecho de ser sintientes.

Lo que acabamos de ver lleva a concluir que, si un ser sufre, su sufrimiento debe contar por igual, sea más o menos inteligente, sea más o menos simpático, o sea humano o no humano. Lo contrario, dar mayor importancia a alguien por su especie, es lo que se conoce como especismo: una discriminación de quien no pertenece a una cierta especie.

Ahora bien, ¿qué seres son sintientes? Conforme a las diferentes evidencias de las que disponemos, podemos concluir que para poder sufrir y disfrutar es necesario tener un sistema nervioso. De hecho, hace falta un sistema nervioso que tenga una cierta centralización, para que pueda procesar la información nerviosa y convertirla en una experiencia. Por ello, se puede concluir que gran parte de los animales pueden sentir y sufrir (entre los que nos encontraríamos, los vertebrados, así como artrópodos como los insectos y crustáceos, o moluscos como los cefalópodos, junto a otros animales). Ello se debe a que poseemos sistemas nerviosos de estos tipos. En cambio, esto no sucede en el caso de otros organismos vivos como arqueas, bacterias, protistas, plantas u hongos: aun cuando puedan reaccionar a ciertos estímulos, no tienen estructuras físicas que conviertan esos estímulos en experiencias.

Tampoco sufren como tales los ecosistemas, ni los grupos como las especies, las poblaciones, las metapoblaciones o las biocenosis. Entendemos así la diferencia entre las posturas éticas en las que se basan el ecologismo y la defensa de los animales. Esta tiene consecuencias prácticas muy importantes. Vamos a ver a continuación de manera breve las más relevantes.

El ecologismo rechaza la explotación animal cuando este tiene un impacto ambiental negativo. Por ello se opone a la ganadería industrial. No obstante, la puede aceptar en ciertos casos. Así, desde el ecologismo se pueden promover prácticas como, por ejemplo, la ganadería ecológica, o la caza y pesca considerada sostenible. También ha habido iniciativas por parte de organizaciones ecologistas a favor de la implementación de programas de animales de experimentación para el testado de los efectos ambientales de ciertos quimicos.

Estas prácticas serán rechazadas, en cambio, desde la defensa de los animales. Conforme a esto, no podría ser aceptable infligir a los animales no humanos daños que no sería justificable causar, en una situación similar en todos los demás, a seres humanos.

Por otra parte, desde el ecologismo se apoya aquellas intervenciones en los ecosistemas que favorecen la conservación de estas o de otras entidades como especies o poblaciones, aunque ello dañe a los animales. Entre los ejemplos de intervenciones de este tipo se cuenta la matanza de animales considerados no nativos, o cuyas poblaciones se considera que han crecido demasiado. Otro ejemplo consiste en la reintroducción de depredadoresque es negativa para los propios depredadores (capturados, separados de sus familias y transportados a un nuevo terreno desconocido para ellos) y también, claro está, para sus presas.

La mayoría considera que estas medidas serían inaceptables si se aplican a seres humanos, debido a que estos tienen intereses que no pueden ser vulnerados aunque ello favorezca la conservación biológica. Ello puede ayudar a entender por qué, desde la defensa de los animales, estas medidas también son inaceptables cuando quienes mueren son animales no humanos que sienten y sufren.

Por último, las posiciones a favor de los animales implican también que es algo positivo dar ayuda a los animales salvajes cuando lo necesitan. Hay múltiples ejemplos de estas formas de ayuda. Algunos son los siguientes:

Estas medidas son muy necesarias para los animales, pues contrariamente a lo que muchas veces se piensa, en la naturaleza no viven vidas idílicas. Por el contrario, se enfrentan a múltiples factores: enfermedades, hambre y sed, accidentes, condiciones climáticas adversas, parasitismo, conflictos con otros animales, estrés psicológico, etc. De hecho, muchos animales en el mundo salvaje tienen vidas en las que el sufrimiento puede prevalecer.

Desde el ecologismo, esto puede requerir positivo cuando tal ayuda también favorece la conservación ambiental, o neutral cuando no la afecta. Pero también puede ser negativo si supone que algún ecosistema, como resultado de la ayuda dada a los animales, pasa a diferir de cómo hubiera sido si tal ayuda no hubiera tenido lugar. En tales casos, estaremos ante otro tipo más de oposición entre ecologismo y el rechazo del especismo.

A veces, estos contrastes entre ambas posiciones no se ponen de manifiesto debido a que las posiciones ecologistas tienen una gran popularidad. Pero esto no debería llevarnos a dejar de reivindicar aquello que va en defensa de los animales. De lo contrario, serán estos últimos quienes al final perderán.

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