Politics

Irene Vallejo: “Habíamos subestimado el amor por los libros”

La escritora Irene Vallejo, en una imagen de archivo. EFE / Javier Cebollada

Madrid, 18 sep (EFE) .- Con más de 400.000 ejemplares vendidos, 41 ediciones y traducidos a 32 idiomas, “Infinito en un Junco” ha surgido como un fenómeno literario, un “disparate” en forma de ensayo de 400 páginas que nació como “el más loco de todos los proyectos”, y que para su autora, Irene Vallejo, demuestra que “habíamos subestimado el amor por los libros”.
Nada más llegar a la Feria del Libro de Madrid, donde por primera vez acudió a firmar ejemplares, Vallejo (Zaragoza, 1979) repasa en una entrevista con EFE cómo se concibió la obra, cómo está viviendo el éxito que nadie supo cómo. para predecir y qué es la “tribu del libro” que ha surgido en torno a “Infinity in a reed”.
Pregunta.- ¿Cómo gestiona un éxito de estas características?
Respuesta.- Todavía estoy incrédulo. Un ensayo de más de cuatrocientas páginas sobre el mundo clásico y las humanidades, que todos decían que no era interesante, parecía el más loco de todos los proyectos (…). No teníamos tanta gente que, al fin y al cabo, sí valora los libros y la literatura, la historia y hasta la filosofía, el pensamiento, todas esas cosas que nos dicen que están agotados y, sin embargo, demuestran una vitalidad perenne, infinita.
P.- Ante un libro que no es fácil de leer, ya que a pesar de su buen ritmo requiere concentración, ¿cómo explica que se haya convertido en ese fenómeno global y haya llegado a tanta gente? ¿Estamos acaso, especialmente aquí en Occidente, ávidos de referencias a nuestra historia y nuestra cultura, en las que podamos anclarnos en momentos como estos?
R.- Creo que sí, o el libro me ha hecho confiar en que lo es. La sociedad condena o acorrala las humanidades y las personas sienten la necesidad de conocer su pasado, de relacionarse con las generaciones anteriores, de ver cómo hemos llegado a ser quienes somos. Quizás en torno a “Infinity in a reed” haya surgido una comunidad, una tribu del libro, que en los últimos años ha estado escuchando todas estas profecías apocalípticas y que de alguna manera se revelan con el entusiasmo y la pasión que se demuestra también en esta feria cuando vemos que la gente tiene que esperar una hora o más y lo hace para caminar entre los libros, tocarlos, acariciarlos o tener unos minutos de conversación con sus autores.
Quizás lo habíamos subestimado todo, todo este entusiasmo, este amor por los libros (…) que permite que la literatura, la docencia y las ideas más valiosas se guarden y pasen de generación en generación.
P.- ¿Fueron los libros en esas semanas de encierro la llave para salir de la prisión en la que nos encerró la pandemia, sumidos en el exceso de información y el miedo?
R.- Bueno, no el único, pero fue una de las claves. En realidad, los libros mostraban que, como decía Umberto Eco, son objetos casi perfectos.
Hemos visto que cuando llega una auténtica catástrofe, hemos vuelto a buscar el abrazo de las páginas (…). Durante el encierro han sido verdaderos compañeros. Estábamos tan absortos y saturados de tragedia que lo que necesitábamos era que nos aliviaran, que nos sacaran de la realidad. Y que los libros lo han hecho en una conversación fluida, amigable, paciente y tranquila, que creo que ha sido curativa para muchas personas. Y en ese sentido han sanado almas durante esta pandemia.
P.- Antes le pedí la explicación de este fenómeno único. ¿Cuántos años se han tardado en crear “Infinity in a caña”?
R.- Cuatro años de investigación durante el período de mi tesis, que luego transformé radicalmente en un ensayo literario. Tres años más de transformación de ese material, de búsqueda de esa historia, cómo contarla, la fluidez, el tránsito, el sentido del humor, el encadenamiento de historias, esa estructura sherezade en “Las mil y una noches”. De hecho, ha sido en diferentes etapas de mi vida, siete años y un año trabajando con mis editores para pulirlo y reducirlo (…), así que en realidad, ocho años… y toda la vida.
P.- Te declaras un mitómano empedernido, enamorado de Homero. ¿Qué mito tiene la situación actual en la que está sugiriendo la sociedad actual?
R.- Hay una historia que me impresiona (…), que trata de un hombre enfermo al que los griegos abandonan en una isla para que no interfiera con el resto del ejército cuando van a atacar tierra y él está enfermo, cuyo nombre es Filoctetes. Sófocles escribió una tragedia con su nombre, Phil, en la que habla precisamente de la soledad que siente ante la enfermedad. Creo que esto ha sido quizás lo más terrible de este período, la soledad de los enfermos y la imposibilidad de las familias de estar con sus seres queridos en esos momentos difíciles.
Afortunadamente, nuestros equipos médicos han resuelto o suministrado en la medida de lo posible, y eso ha sido increíblemente humano y emocionante.
P.- Mario Vargas Llosa contó, como anécdota, que hacía pequeños chantajes en forma de monedas a sus hijos cuando eran pequeños para que leyeran y así generar en ellos el amor por los libros. ¿Cómo inculcar en los niños el hábito de la lectura?
R.- Hay sobre todo dos aspectos importantes. Primero que nos vean a los adultos leer, porque sólo si ven que realmente amamos los libros pueden sentir curiosidad. Y el segundo, en el que tengo más confianza, y es el que practico con mi hijo de 7 años, es leer un cuento por la noche, todos los días.
P.- ¿Qué opinas de las traducciones de tu libro?
Trabajo con traductores (al italiano y al francés) que a menudo me envían preguntas. Es una relación muy bonita porque al final es un diálogo entre escritores y el traductor es un escritor muy especial porque es un escritor que vierte su talento en la obra de otro. Eso me parece tan generoso que es maravilloso.
La verdad es que estoy muy feliz porque es otra melodía. Es otra música para mis palabras y casi siento que estoy leyendo mi propio libro desde afuera.
Es interesante cómo, aunque es otro idioma, otra cultura, ese mismo sentido de comunidad persiste y la gente también siente que estamos unidos por un vínculo de palabras que está por encima de los idiomas y más allá de las fronteras.
Patricia Crespo y Carmen Sigüenza

Related Articles