Geopolitics

Filipinas: una política exterior entre dos aguas (parte 2/2)

En la primera parte de este artículo pudimos hacer un repaso histórico de las relaciones exteriores de Filipinas con respecto a sus vecinos y especialmente a China. En esta segunda parte evaluaremos el presente y el posible futuro que jugará este país en la disputa entre EE.UU. y el gigante asiático.

Rodrigo Duterte es juramentado como el decimosexto presidente de Filipinas, 30 de junio de 2016.

El pragmatismo de Duterte

Duterte Tomó el testimonio de relaciones con China que han experimentado ciertas turbulencias, con el surgimiento de diversas controversias y disputas. Los problemas de los proyectos de desarrollo han puesto en duda la integridad de las inversiones chinas y han revelado la susceptibilidad al soborno de las instituciones filipinas. Además, la tensión en la disputa marítima entre los dos países ha provocado el deterioro de las relaciones bilaterales, que han llegado a su punto más bajo desde que se establecieron en junio de 1975.

Sin embargo, bajo la administración de Rodrigo Duterte, las relaciones bilaterales han dado un giro inesperado, de una percepción más hostil a una visión más amigable. Durante su visita a China en octubre de 2015, Duterte anunció la realineamiento con China, después de 5 años sin contactos de alto nivel entre los dos gobiernos. Duterte optó por restar importancia a las preocupaciones de seguridad a favor de reactivar las relaciones políticas y buscar lazos económicos con China.

Durante la administración del Presidente aquino, las relaciones bilaterales con China estuvieron marcadas por la disputas marítimas. Desde 2012, China ha tomado el control efectivo de la Arrecife Scarborough, ubicado en el Zona económica exclusiva De Filipinas. La situación se agravó aún más por el establecimiento ilegal de infraestructura en la zona y la prohibición de acceso a los pescadores filipinos.

En este contexto, en 2016, la Tribunal Internacional del Derecho del Mar dictaminó sobre este tema. En su fallo, reiteró que “Filipinas tenía derechos soberanos exclusivos sobre el Mar de Filipinas Occidental y la línea de nueve perlas de China basada en derechos históricos no es válida”. La respuesta de Pekín se basó en rechazar cualquier tipo de decisión de la corte arbitral y acusar a Estados Unidos y otros países como Japón de injerencia en la disputa.

Desde entonces, Duterte ha tenido que afrontar dos retos fundamentos: cómo manejar relaciones con China siguiendo la decisión del tribunal y definiendo el papel que Alianza Filipinas-Estados Unidos Debería jugar en las próximas disputas en el Mar del Sur. Las primeras declaraciones de Duterte fueron un hipérbole pero ya marcaron la orientación de sus preferencias: una posición más pragmática con respecto a China. “Puedo hablar más francamente con los chinos que con los estadounidenses”, declaró en uno de sus discursos. Hizo hincapié en que estaba dispuesto a cooperar con China en las negociaciones bilaterales que persiguen el desarrollo conjunto de los recursos y que minimizaría el tema de la soberanía si China hiciera lo mismo.

Por su parte, la posición frente a Estados Unidos es ciertamente complicada. La posición de Duterte parece apuntar a dudar de la sinceridad y confiabilidad de Washington, que no habría ayudado a evitar que China construyera islas artificiales en las aguas reclamadas por Filipinas. “Si a Estados Unidos le hubiera importado, habría enviado aviones de combate y fragatas de misiles en el momento en que China comenzó a reclamar los territorios, pero eso no sucedió”.

El presidente Rodrigo Roa Duterte y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comparten un momento de luz antes de la reunión bilateral en el Centro Internacional de Convenciones de Filipinas en Pasay City el 13 de noviembre de 2017. ROBINSON NIÑAL JR./PHOTO PRESIDENTIAL

Al mismo tiempo, reconoció la importancia de Estados Unidos en el mantenimiento del equilibrio de poder en Asia: “no podemos hacer la guerra con China porque no tenemos armas, por eso estamos condenados a pedir ayuda a Washington porque es la única fuerza capaces de luchar contra China, pero no queremos hacerlo, por eso les pedimos a los chinos que no busquen problemas. “

Por lo que hemos visto, parece que Duterte cree que centrarse más en los aspectos comerciales y económicos de las relaciones entre Filipinas y China beneficiaría más a la población que insistir en las demandas marítimas. Además, la administración Duterte anunció una política exterior “IndependienteQue busca desvincularse de la dependencia de Estados Unidos, al estilo de la “nueva política exterior bielorrusa” con Rusia.

Aprovechando el “carta china”Y restando importancia a la histórica victoria de Filipinas en sus reclamos marítimos, el gobierno de Duterte desafió la dependencia estratégica de Estados Unidos. Al mismo tiempo, también llevó a Washington a reevaluar su papel clave en Filipinas en la proyección de una presencia estratégica continua en la región.

Filipinas (3 de julio de 2012), los marines estadounidenses asignados al equipo de seguridad antiterrorista de la flota del Pacífico y los marines filipinos realizan una patrulla durante un ejercicio de asalto anfibio a la playa para la cooperación, preparación y entrenamiento para flotar (CARAT).

A pesar de este nuevo enfoque pragmático de Filipinas en sus relaciones bilaterales con China, hoy las tensiones entre ambos en el Mar del Sur son más que palpables. Filipinas ha aumentado el número de patrullas con un aumento nunca visto en los últimos años, luego de que China enviara 287 barcos de milicias marítimas a la Zona Económica Exclusiva de Filipinas. “Nuestra amistad termina aquí”, dijo Duterte después de la decisión de Filipinas de no retirar barcos en aguas disputadas en el Mar de China Meridional.

Una relación complicada con numerosos tambaleos que dificultan la previsión del futuro de los acontecimientos. Incertidumbre es la palabra. Una incertidumbre que puede inclinar la balanza en cualquier dirección.

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