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Espontáneo y callejero, un museo en Lima recuerda la caída de Manuel Merino

Una persona observa unas fotos e ilustraciones en uno de los muros del Quilca jir n, el 24 de noviembre de 2020 en Lima (Perú). EFE / Paolo Aguilar

Lima, 25 nov (EFE) .- Una especie de museo vivo, autogestionado, espontáneo y urgente, como eran las protestas ciudadanas que retrata, nació en el centro de Lima adornado con imágenes y recuerdos de las marchas que derribaron el Gobierno efímero de Manuel Merino.
En un rincón de la histórica Plaza de San Martín, en tinta negra, bajo un fondo gris, la frase “Fueron generación equivocada” invita a los transeúntes a fijar la mirada en las murallas del Jirón Quilca, una de las calles céntricas del centro histórico. Lima, llena de lienzos improvisados, que respiran tanto indignación como ingenio.
Citas del cantautor chileno Víctor Jara o de la poeta peruana Blanca Varela dialogan con fotografías, murales y carteles de artistas peruanos anónimos que insultan al efímero y polémico presidente Manuel Merino, reclaman una nueva constitución y critican la cruda represión de las fuerzas policiales durante las movilizaciones que golpearon recientemente al país.
Aunque improvisadas y algunas disonantes, todas las voces evocan el mismo grito: ahora que han despertado quieren ser escuchadas.
Al igual que las protestas de las últimas semanas en Lima, la inauguración de esta galería al aire libre fue un acto espontáneo y repentino de decenas de artistas que se reunieron el sábado 21 de noviembre, una semana después de la marcha masiva en la que dos jóvenes murieron a consecuencia de ello. de la respuesta violenta de la Policía Nacional.
“CULTURA VIVA” DEL DESCONTENTO
Charlie Jara, fotógrafo y gestor cultural, fue uno de los impulsores de esta iniciativa que, según explicó a Efe, nació de la “necesidad de poder visibilizar los hechos” que vive el Perú y de realizar “un acto”. de manifestación y denuncia ”, desde“ la mirada ”de los artistas.
En sintonía con las marchas, esta convocatoria reunió a sus participantes en una manifestación de rechazo improvisada, coordinada solo a través de las redes sociales, sin liderazgos y con una amplia representación de jóvenes.
“Surgió de forma espontánea, mucha gente empezó a sumarse y quiso convocarse en las calles”; llenar las paredes con fotografías tomadas durante las protestas, hacer teatro, interpretar música o crear ilustraciones colectivas que aleguen el “descontento” de la sociedad peruana.
Uno de los encargados de pintar los grandes murales que aún hoy quedan en el jirón de Quilca fue Jaime Alcántara, más conocido por su nombre artístico, Raf.
“El sábado fue increíble ver cómo se juntaba la gente, era una galería al aire libre o, más que eso, era cultura viva”, recordó emocionado el muralista y agregó: “El proceso continúa”.
De hecho, con el paso de los días, las reformas de este museo en el espacio público han demostrado su vitalidad, pues mientras algunos ciudadanos se atreven a seguir llenando las paredes de creaciones artísticas, otros les han arrebatado parte de sus fotografías e inscripciones.
“Las autoridades quieren borrar esto del espacio físico porque también pretenden borrarlo de la memoria colectiva”, dijo Raf, convencido de que la deconstrucción también es “parte de la historia”.
“POLICÍA ASESINO”
Entre las imágenes e ilustraciones aún intactas se encuentran los rostros de Inti Sotelo y Jack Pintado, los dos jóvenes que murieron durante la manifestación del 14 de noviembre, que dejó más de un centenar de heridos.
Pronto estos dos chicos, de 22 y 24 años respectivamente, se convirtieron en una especie de mártires de la “generación del bicentenario”, la misma que descubrió que juntarse en la calle sirve para lograr cambios.
Un mensaje acompaña los cuadros que dibujan las facciones de los jóvenes: “Inti y Jack, sed fuertes, hermanos”.
A unos pasos, una ilustración muestra a un policía, con la batuta en alto, amenazando a una joven indefensa, que esconde detrás de ella una balanza, símbolo de la Justicia. Diez metros más adelante, una condena explícita: “Policía asesina”.
El 9 de noviembre, el Congreso peruano destituyó al presidente Martín Vizcarra e impuso en su lugar al titular del Parlamento, Manuel Merino.
La gran mayoría de la población percibió este acto como una amenaza a la democracia y se desató una ola de protestas ciudadanas, que alcanzó su punto culminante el sábado 14.
Ese día, la represión de la masiva protesta ciudadana derivó en una brutal acción policial, que le quitó a Merino la ya escasa legitimidad social que tenía y acabó forzando su renuncia.
Carla Samon

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