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El ‘videoincordio’ | De lo que pasa con lo que nos queda

Una calle de Barcelona el 13 de octubre de 2020, tras el anuncio de nuevas restricciones contra la pandemia. REUTERS / Nacho Doce

Es cierto que todo pasa, que llegan muchas cosas, que otras se van y que todo cambia, pero también que algo de todo lo que queda. Passing (lat. Passere) se refiere a los pasos consecutivos, uno frente al otro, por los cuales todo lo que sucede se inscribe en una sucesión imparable, la de los eventos que ocurren, que son siempre diferentes, basados ​​en una comprensión de la vida y de la el tiempo como algo transitorio. Y así se dice que todo pasa, que todo estado, por doloroso que sea, es temporal y que, por tanto, lo que nos preocupa hoy no pasará mañana, será pasado. En cierto sentido, este paso nos lleva a una cierta espera por el siguiente paso que puede ser más favorable y, inscrito en el orden de los hechos, nos convertimos en sujetos pacientes.

Pasar no es un irse como antes, sino un traslado que cambia nuestro estado. Y eso queda. No es algo externo, un hecho que nada tiene que ver con nosotros, sino un suceso que nos pasa: algo que implica una relación con nosotros, una afectación o una actitud. No hay un mundo y un nosotros, sino la relación entre los dos. Lo que nos pasa tiene que ver con lo que decimos hacer y, por tanto, apunta al orden de valores. Lo que nos pasa, aunque nos supere, en realidad está integrado en nosotros, en nuestra forma de “pasarlo” que siempre llevaremos con nosotros.

Por más aleatorio que parezca lo que nos sucede, estamos de acuerdo con él y nos construimos. Lo que penetra a veces impregna y condiciona los pasos que daremos. Y esto tiene varias implicaciones: la primera de que algo permanece en nosotros del pasado (qué); el segundo, que lo que queda está condicionado por la manera misma que hemos adoptado para afrontarlo (cómo) y, en tercer lugar, que, traspasados ​​por lo que nos ha pasado, hemos tomado decisiones que no solo nos cambian, sino que también cambian el camino adonde se dirigen nuestros pasos (hacia donde).

Por ello, más interesante que el “pasará” es el “saber estar” o, al menos, ser consciente de que mientras tanto se pone en juego un modo que puede generar más o menos daño que daño que le causaremos a a nosotros mismos, a nuestra relación con los demás, el mundo mismo, que no está ahí “esperando”, sino que se va haciendo en el camino de nuestros pasos. La pregunta no es cuándo sucederá, sino cómo estamos en un tiempo que es la vida misma..

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