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Azarías no hubiera estado el domingo en Madrid

El 25 de marzo de 193680.000 trabajadores del campo extremeño ocuparon unas 3.000 fincas en respuesta a la desigualdad estructural en el acceso a la tierra que se vivía en la región.

El 20 de marzo de marzo de 2022, una manifestación del “mundo rural” recorrió Madrid “en defensa de la agricultura, ganadería, caza y de nuestro campo y tradiciones”. 150.000 personas según la Policía; 600.000 según la organización.

Dos acontecimientos separados por 86 años que muestran dos formas opuestas de defender lo rural.

En el primero, yunteros, jornaleros y braceros llevó a cabo la mayor revolución campesina en España, expropiando de manera pacífica 250.000 hectáreas a importantes terratenientes de la región. Lo hacen mientras cantan La Internacional y lanzan vivas a la República, dando lugar, en palabras del escritor Víctor Chamorro, al evento fundacional de la identidad extremeña.

Unos hechos que provocaron una masacre de campesinos una vez se produjo el golpe de Estado algunos meses después. Los señoritos, de la mano de los fascistas, se vengaron convirtiendo a Badajoz en “la segunda provincia más afectada por la represión”, según la historiadora Candela Chávez.

Después de la muerte, la pobreza de un mundo rural quedó retratado en Los santos inocentes de Miguel Delibesposteriormente llevada al cine por Mario Camus tras filmar en Extremadura.

En el segundo caso, sin embargo, fueron los latifundistas quienes capitanearon la marcha en Madrid. Así, la reunión de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, “con el campo” fue, en realidad, con los terratenientes Fermín Bohórquez Domecq y con Alonso Álvarez de Toledo y Urquijo, XII Marqués de Valdueza. Solo este último acapara más de 7.000 hectáreas de tierra en la misma provincia en la que, hace 86 años, los campesinos se levantaron.

Pero solo con latifundistas no se lleva a cabo una gran marcha en la capital española. El espantoso de manifestantes estuvo compuesto por cazadores que se quejan de determinadas normas del Gobierno como la Ley de Bienestar Animal, actualmente en tramitación en el Congreso de los Diputados. Solo las federaciones de caza gastaron 1,4 millones de euros para fletar 1.185 autobuses hacia Madrid.

El gran error lo cometieron algunas organizaciones como la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) y la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG)utilizados por los convocantes para hacer creer que esta protesta también defiende los intereses del sector primario y, posteriormente, denostadas por los cazadores: “Los grandes medios generalistas hablan de una gran manifestación de agricultores y ganaderos cuando cerca del 90% de los asistentes representaba al sector cinegético con una prenda naranja”, se han quejado desde la Federación Extremeña de Caza.

Unas organizaciones de carácter progresista que deben defender a quienes cultivan la tierra no pueden manifestarse de la mano de terratenientes con unos intereses opuestos a los suyos. Mucho menos, servir para blanquear una manifestación de cazadores y latifundistas cuyas fundas, siendo legítimas, poco tienen que ver con las del conjunto de un mundo rural plural y diverso.

El señorito ivan, cazador y uno de los protagonistas de Los santos inocentes, hubiera obligado a Paco El Bajo a acudir a esa marcha para hacer bulto. Incluso le podría haber hecho creer que estaba allí para reclamar unos derechos que también le beneficiaban a él, aunque fuera mentira. Pero Azarías nunca hubiera ido. El señorito Iván, el que explotó a su familia, el que mató a su milana bonita, era un enemigo. Un problema para el mundo rural. Azarías hubiera preferido ocupar tierras antes que estar el domingo en Madrid.

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