Geopolitics

¿Autonomía estratégica europea? El cojeante eje franco-alemán

Por Guillermo Pulido Pulido

El 22 de enero de 2019, Francia y Alemania firmaron el Tratado de Aquisgrán o Aix-la-Chapelle, por el cual (según el artículo 4, párrafo 3) se comprometieron a que sus fuerzas armadas desarrollaran una cultura común y despliegues conjuntos. La interpenetración de las industrias de defensa de los dos países también se reforzaría sobre la base de la confianza mutua, promoviendo así la consolidación de una base tecnológica e industrial europea.

Como se indica en el apartado 2, se esperaba que, con estas acciones conjuntas de los dos gobiernos, se ampliara la credibilidad, coherencia y eficiencia europeas en el ámbito militar, cerrando las brechas de capacidades en las fuerzas armadas europeas y en ambos países.

El Tratado de Aix-la-Chapelle, parecía un punto culminante en la evolución de la materia de la autonomía estratégica que, desde 2017, había sido un monotema en los asuntos de seguridad y defensa europeos, que surgió como reacción al comportamiento errático del presidente Trump con respecto a la OTAN y todos los compromisos de seguridad exterior de Estados Unidos.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la seguridad europea estaba garantizada por la superioridad militar estadounidense, por lo que, según cierta corriente de opinión en las relaciones internacionales, esto provocó la atrofia y pérdida de capacidades de las fuerzas armadas europeas, así como en cuanto a un relativo subdesarrollo en su industria y tecnología militar. Por tanto, parecía lógico que los europeos fortalecieran su propia industria de defensa y suplieran la gran escasez de sus fuerzas armadas.

Sin embargo, hace unos meses, en este artículo de la revista ArmiesExpliqué en detalle por qué la reivindicación de una Europa con autonomía estratégica era una quimera y una simple ilusión. Las deficiencias en las capacidades de defensa son mucho mayores de lo que se suele reconocer, y el coste de la compra directa de material (a precios de mercado) para suplirlas supondría cientos de miles de millones de euros, sin incluir los costes de investigación y desarrollo industrial; por no hablar de la inviabilidad política práctica dadas las inconsistencias y los conflictos de intereses entre los países europeos.

Por ejemplo, Francia, Alemania y el Reino Unido solo son capaces de generar una brigada mecanizada cada uno en el transcurso de un mes o más. Vea el siguiente gráfico.

En las maniobras del Defender Europa 2020, como expliqué en su momento en este artículo sobre la sala políticaImplicaría que solo EE.UU. desplegaría tres brigadas desde su propio territorio, además de las brigadas y batallones que ya tienen desplegados en Europa.

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Desde EE. UU. Se desplegará la 116ª Brigada Blindada de la Guardia Nacional de Idaho, cuyo personal no utilizará equipos de sus bases permanentes, sino que utilizará equipos preposicionados en Europa.

Otras dos brigadas de Fort Stewart, Georgia, utilizarán su propio equipo. Los tanques, vehículos de combate de infantería, artillería autopropulsada, camiones, se embarcarán en Savannah para desembarcar en Alemania. >>

Dado este enorme desequilibrio de fuerzas, se necesitaba con urgencia una solución europea para la falta de capacidad militar. Como esa solución no podía venir con cada país actuando individualmente fabricando su propio tanque o caza de superioridad aérea, debido a los enormes costos de desarrollo, quedó claro que las industrias de defensa y compras debían centralizarse de alguna manera (haciendo un solo producto y compras de ese único producto), con el fin de hacer economías de escala que hagan económicamente viable el desarrollo y la fabricación de la última generación de armas europeas.

El Tratado de Aix-la-Chapalle fue un intento de unificar la producción y compras europeas entre Francia y Alemania, con el fin de generar la masa crítica que arrastraría al resto de países de la Unión Europea.

Sin embargo, recientemente el IFRI (think tank francés de gran solvencia, público y poco sospechoso de ser antieuropeo), ha revisado la evolución y perspectivas del tratado, publicando un estudio titulado “Cooperación en armamento entre Francia y Alemania. ¿Una entente imposible?“.

Las conclusiones y hechos presentados, sin resultar derrotistas para los defensores de la tesis de la autonomía estratégica europea, muestran que existen límites que, como mínimo, habrá que superar mucho para no llegar a un punto muerto.

No hay acuerdo sobre 1) el armamento común concreto; 2) ni sobre la política y estructura industrial, 3) los criterios para la adquisición de armas, 4) ni sobre la exportación de armas (la exportación es clave para lograr economías de escala mediante la reducción de costos, y porque es parte esencial de la política exterior y seguridad.

El estudio IFRI

Las diferencias de intereses entre Francia y Alemania son difíciles de superar. Por ejemplo, el carro de combate común varía mucho según las necesidades alemanas (luchando en el centro de Europa contra fuerzas blindadas, requiriendo un carro muy pesado) y las francesas (un carro ligero que es proyectable). Otro problema es el sistema de caza del futuro (FCAS), que también enfrenta diferentes necesidades (que se detallan más adelante). Recordemos los problemas que existían con el helicóptero de ataque Tigre entre los franceses y los alemanes, optando por fabricar varias versiones con notables diferencias entre ellos.

A continuación, transcribo los fragmentos que me parecen más significativos de ese estudio, intercalados con algunos breves comentarios míos.

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Las capacidades requeridas por Francia para la sustitución del Leclerc, más bien favorecen la intervención, especialmente en el norte de África, que implica ligereza, facilitando la movilidad. Sin embargo, el sucesor del Leopard alemán está destinado a una guerra continental en Europa y, por lo tanto, sería un tanque pesado, según el “combate de armas combinadas” alemán (“Gefecht der verbundenen Waffen”). Entonces, la pregunta que surge es si puede surgir un sistema común y cómo. En principio, nada ha cambiado con respecto a las diferencias entre Francia y Alemania, en términos de capacidades militares en términos de “proyección de poder”. También es bastante incierto cómo se respetará el calendario acordado de 18 meses para la primera fase. >>

Representación FCAS

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Cabe recordar que el curso de los proyectos multilaterales europeos también fue insatisfactorio a los ojos de los alemanes. Por esta razón, En 2014, la nueva ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, preguntó a empresas consultoras externas examinar en detalle una selección de proyectos de armas y, ante las conclusiones, tuve que afrontar lo obvio: que “Los sistemas de armas se entregan con años de retraso, cuestan miles de millones de euros más de lo esperado, a menudo son defectuosos y la calidad deja mucho que desear”. Obviamente, la gestión del ministerio de estos proyectos de armas no estaba funcionando. Estos hallazgos no fortalecieron la confianza entre la Bundeswehr y la industria con respecto a su cooperación >>

-. El lector, en este punto, debe entender que el estudio se refiere a lo sucedido con los programas Tigre, Eurofighter, NH90 o A-400M.

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-. Aunque el estudio no lo dice directamente, hay que entender que el aspecto industrial, con las grandes diferencias estructurales entre Francia y Alemania, son un gran escollo.

En Alemania, la industria es privada y en gran medida separada del estado, con un ministerio de defensa que, como indica el estudio, sigue en cierta medida los criterios del mercado. En Francia, el papel del estado es mucho más alto, con propiedad estatal y un fuerte apoyo económico del estado siguiendo una política estratégica.

Si las industrias de defensa de Alemania y Francia intentaran fusionarse, el mayor apoyo estatal a la industria francesa Podría implicar que, en la práctica, el concepto de “autonomía estratégica” no es más que un subterfugio mediante el cual la industria de defensa francesa subsume a la industria alemana y su mercado de armas..

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Las exportaciones de armas son un tema muy delicado en Alemania. Por un lado, las encuestas realizadas a lo largo de los años muestran una oposición persistente a las exportaciones de armas. Por otro lado, está claro que no hay consenso dentro del gobierno sobre la política de exportación de armas, porque los ministerios involucrados (economía, defensa, relaciones exteriores) no siempre están de acuerdo entre sí y porque el Consejo de Seguridad del gobierno federal, un comité federal interministerial que decide sobre las exportaciones, se reúne en secreto y simplemente informa al Parlamento de sus decisiones. Los partidos de la coalición tampoco acordaron realmente una política común de exportación.

En otro orden de cosas, la famosa cooperación estructurada permanente (CEP) prevista en el Tratado de Lisboa, de ninguna manera ofrece una perspectiva unificada de objetivos estratégicos y cultura estratégica. Es cierto que tiene varios proyectos de inversión útiles e importantes, pero difícilmente ofrece una dirección estratégica que sea importante para marcar el rumbo de la cooperación en materia de armamentos. >>

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