Geopolitics

¿Armas químicas y biológicas en Ucrania?

En las últimas semanas hemos asistido a una serie de declaraciones cruzadas entre Rusia y EEUU, donde el Kremlin acusa a Washington de tener laboratorios secretos donde se desarrollan armas biológicas. Por su parte, EEUU responde que esto es una excusa para un ataque de falsa bandera que permita a Rusia la utilización de armas no convencionales y en concreto de armas químicas.

¿Qué hay de verdad en todo esto? ¿Es posible que se usen armas químicas o biológicas en Ucrania?

Soldados noruegos vistiendo equipos para la guerra Nuclear, Radiológica, Biológica y Química. 1983.

A nivel académico, la historia de las armas biológicas y su utilización es muy interesante. Desde el uso por los soviéticos de la tularemia en la batalla de Stalingrado, el programa de ántrax canadiense-norteamericano, el origen de la leyenda urbana de los chemtrails, el posible uso de armas biológicas en la guerra de corea o, el accidente de Ekaterimburgo con más de 100 muertos por ántrax. Todos ellos son asuntos que espero poder abordar con más detalle en futuros artículos.

Hay un concepto equivocado en el uso de armas tanto químicas como bacteriológicas. Cuando se piensa en ellas, habitualmente sólo se contempla su uso como armas de destrucción masiva. Pasa lo mismo que con las armas nucleares, nos olvidamos de su posible uso táctico.

No hay que olvidar que el uso de cualquier tipo de ataque en el campo de batalla tiene por objeto desorganizar a las fuerzas enemigas, mediante el shock producido por la artillería, la disrupción de sus líneas de abastecimiento o infligiendo bajas a la unidad atacada. Es la desorganización de las mismas y no la aniquilación total (aunque a veces se consigue) la que suele derrotar a las unidades sobre el terreno. De este modo, como otras armas, las armas biológicas y químicas pueden utilizarse también para este fin.

Una bomba de gas británica durante la Primera Guerra Mundial. Fuente: Europeana

Un ejemplo de esto es el uso de la bacteria Francisella tularensis (agente etiológico de la Tularemia) por parte de los soviéticos en el cerco de Stalingrado. Esta bacteria no es mortal pero provocó brotes de fiebre, diarrea e incapacidad, impidiendo combatir a una parte de las tropas alemanas.

El principal error de las personas que no tienen conocimientos en biología es pensar que el agente ideal para las armas biológicas es algo tipo ébola (pensamiento exacerbado durante años de películas sobre el tema), que se extiende fácilmente y causa una gran mortandad.

Sin embargo, una enfermedad localizada e incapacitante es más controlable e igual de útil. Una plaga que afecte a cultivos o al ganado, puede ser una opción a utilizar en una guerra de desgaste donde se busca acabar con los recursos del país enemigo. Tanto es así, que durante el brote de fiebre aftosa en Reino Unido en el año 2001, se llegaron a oír voces dentro del gobierno británico apuntando a que podría tratarse de un ataque terrorista a gran escala, si bien jamás se aportaron pruebas de ello.

Miembros del 19 ° Batallón QBRN del ejército ucraniano practican habilidades de descontaminación en apoyo de la Operación Libertad Iraquí en el Campamento Arifjan, KUWAIT, el 3 de agosto de 2003.

En los agentes biológicos susceptibles de ser utilizados como arma podemos distinguir tres tipos básicos diferentes:

· Virus. Muy peligrosos de utilizar puesto que una vez lanzados no sabes qué puede pasar. Ahora que todos somos, por desgracia, “expertos en virus” podemos comprender que, aunque hayas diseñado una vacuna como “arma vírica”, esta vacuna no va a ser eficaz al 100% y pueden surgir cepas que la resistan volviéndose en tu contra.

Por ello, si bien se encuentran entre los agentes a priori más interesantes para ser utilizados como arma biológica por su nivel de mortalidad, su uso es muy arriesgado, incontrolable y poco práctico.

· Bacterias. Provocan gran cantidad de enfermedades. La más mortal de las epidemias conocidas probablemente es la peste negra, generada por la bacteria Yersinia pestis. El problema del uso de las bacterias es doble. Por un lado, se tratan fácilmente utilizando antibióticos, por lo cual, una vez detectadas son fáciles de combatir. Este problema puede solventarse generando cepas de bacterias resistentes a los antibióticos.

Las bacterias, además, no suelen tener una tasa de contagio alta en condiciones sanitarias normales de modo que son más controlables en una infección. El segundo problema es que son agentes que están vivos (no como los virus) y, por tanto, hay que mantenerlas vivas hasta su uso, generando problemas de producción, transporte y diseminación.

· Toxinas, esporas y materiales de uso biológico derivados de seres vivos. Aquí podríamos encuadrar diferentes materiales tóxicos que pueden ser utilizados como un arma química, pero cuyo origen es biológico. Entre ellos tenemos la ricina, la toxina botulínica (sí, el famoso botox que es la toxina más potente del mundo), o las esporas derivadas de bacterias, como las esporas de ántrax tan famosas por los extraños ataques postales sufridos en EEUU tras el 11S.

Si bien su origen es biológico, su uso y efecto es similar al de un arma química. Al no estar vivas (las esporas están en una forma de resistencia inerte en la que pueden resistir siglos), son fácilmente almacenables y utilizables. Esto hace de esta tercera forma el método más viable de uso como arma biológica.

Paletas de proyectiles de artillería de 155 mm, que contienen gas mostaza, en unas instalaciones de almacenamiento de armas químicas en el estado de Colorado, EE.UU.

Dicho esto, es fácil pensar que en una ciudad sitiada como Mariupol, donde las condiciones higiénico-sanitarias son deficientes debidas al cerco, puedan utilizarse este tipo de armas. Basta con utilizar bacterias capaces de contaminar las pocas fuentes de agua y generar brotes de disentería o fiebres, para darse cuenta de cómo podría ser posible usarlas. Además, si utilizas cepas de bacterias abundantes en la zona y que de forma habitual surjan en lugares con deficiencias sanitarias, es prácticamente imposible determinar si estos brotes se deben a una causa natural o provocada.

De la misma manera podríamos hablar de las armas químicas. No hay que pensar en términos maximalistas. Un uso local en un barrio de un agente químico en pequeña escala puede hacer retirarse a las tropas que están defendiendo los edificios, no es necesario acabar con ellas. No hay que pensar en agentes neurotóxicos como el Vx o similares. Basta con usar cloro o gas sarín. ¿Por qué estos? Porque los puede fabricar cualquiera con un nivel de conocimientos de química básico.  A modo de ejemplo, en 1995 una secta religiosa fabricó y uso gas sarín en el metro de Tokio.

De este modo, en la guerra de Siria se ha denunciado el uso de gas cloro y sarín en diversas ciudades, siendo el mayor el de Guta, con entre 300 y 1.000 fallecidos según las fuentes que se consulten. Los ataques en Siria seguían siempre el siguiente patrón. Se bombardeaba el barrio que se quería atacar de manera general, de modo que todas las ventanas de los edificios resultaban dañadas, generando agujeros a través de los cuales el aire penetraba libremente en todos los edificios.

Posteriormente, se lanzaba un ataque con gas cloro o sarín afectando a los defensores. Estos se veían obligados a huir. Al ser el gas cloro algo sencillo de fabricar, se puede culpar a los defensores de haber sido los culpables, ya que no es necesario un laboratorio especial para producirlo y es imposible determinar su origen. De este modo ocurría que el bando defensor alegaba una agresión con armas químicas y el atacante siempre razonaba que se trataba de un caso de falsa bandera.

🇸🇾 La OPAQ (Organización para la Prohibición de Armas Químicas) adopta una nueva resolución sobre la posesión y el uso de armas químicas por parte de la República Árabe Siria. https://t.co/L00jCHu6PI

— Descifrando la Guerra (@descifraguerra) July 10, 2020

Es en estos rangos donde se podría encontrar un uso local y “táctico” de las armas químicas y biológicas en el contexto de la guerra de Ucrania. Algo que no es descartable debido a anteriores denuncias de su uso en Siria por parte del bando de Al Assad apoyado por Rusia.

Respecto a los famosos laboratorios biológicos apoyados por EEUU, en mi opinión, es una ficción que no soporta ni un segundo de análisis.

Durante la guerra fría ambos bandos desarrollaron programas de armas biológicas, si bien en 1972 se prohibió su uso mediante un tratado (Convención sobre armas biológicas) que la Unión Soviética firmó. Hay que decir que pese a ello, continuó con sus experimentos en diversos laboratorios ubicados por toda la geografía del país, bajo una red denominada Biopreparat.

La caída de la Unión Soviética generó una hecatombe financiera que destruyó su economía. Recuerdo en aquellos años ver con terror las imágenes de los soldados rusos criando gallinas en los silos de  misiles para poder subsistir. Cuentan que uno de los primeros militares norteamericanos que los rusos dejaron entrar para inspeccionar su arsenal nuclear, en el marco de los tratados de desarme, al ser preguntado por la situación del país dijo: “es como Zimbabue pero con armas nucleares” (en los 80 Zimbabue sufrió un grave proceso de inestabilidad y matanzas de civiles, no se trataba de una afirmación racista).

La primera página escaneada del documento original de la Convención de Armas Biológicas de 1972

Entonces, occidente (EEUU mayormente) decide intervenir ante el temor de que los científicos nucleares que en ese momento vivían en la miseria pudiesen emigrar a otros países para ganar dinero ofreciendo sus conocimientos en la fabricación de armas nucleares. De esta manera, sufragaron el gasto del desarme nuclear ruso (y ucraniano) lo que permitió entre otras cosas la estabilización del país y que estos científicos tuviesen un trabajo digno, sin tener que emigrar a países con dudosas intenciones.

Este punto es algo que, por cierto, la narrativa de Putin suele olvidar al hablar sobre los ataques que Rusia ha sufrido por parte de occidente. El cómo occidente y sobre todo Estados Unidos ayudaron a estabilizar el país durante esos años convulsos, aunque sólo fuese por su propia seguridad para evitar que las armas nucleares acabasen en malas manos, fue crucial para el desarrollo y la seguridad del Kremlin.

Igualmente, pese a que la Unión Soviética había firmado en 1972 un tratado para acabar con las armas biológicas, seguían existiendo laboratorios destinados a la investigación y producción de dichas armas. Un ejemplo de esto es la fuga de ántrax sufrido en la ciudad de Sverdlovsk (actual Ekaterimburgo) en 1979. Lejos de comenzar una causa internacional contra el país por incumplir tratados internacionales firmados, se realizaron proyectos para reconvertir esos laboratorios en centros de investigación de enfermedades peligrosas. Se aprovechaban así las instalaciones dándoles un uso civil y evitando la fuga de cerebros a otros países.

Quién haya seguido los acontecimientos de las revueltas en Kazajistán, habrá oído comentarios sobre laboratorios de bioseguridad “pagados por EEUU para desarrollar armas biológicas” que los Rusos “tuvieron que asegurar para evitar problemas”. Bien, se olvidaba Putin en esa narrativa que el Instituto Científico para la Microbiología de Stepnogorsk, fue creado por la Unión Soviética bajo la red de laboratorios militares Biopreparat para crear esporas de ántrax y utilizarlas como armas biológicas y, que fue EEUU tras la caída de la Unión Soviética, quien dio dinero (4 millones de dólares en 1998) para su reconversión en un centro de investigación civil.

Recipientes de armas químicas soviéticas descubiertos en un arsenal albanés en el año 2006.

¿Para qué se usan estas instalaciones de investigación en cualquier país? Para investigar enfermedades. En España hay decenas de laboratorios de niveles de Bioseguridad desde el 1 al 3 (había uno de nivel 4 pero la desidia y el tradicional “que inventen ellos” de los gobiernos españoles provocó su cierre). Son en estos laboratorios donde los científicos cultivan los diferentes agentes causales de las enfermedades para poder estudiarlos.

Suelen estar ligados a instituciones científicas como el CSIC español, universidades u hospitales. Hemos visto en estos dos últimos años la importancia de estas investigaciones y centros, viendo a decenas de científicos por televisión que trabajan con estas enfermedades infecciosas en laboratorios de ese tipo.

Si llegados a este punto os preguntáis si esos organismos pueden ser utilizados para generar armas, la respuesta es sí y no. Obviamente si yo trabajo con bacterias del género salmonella para hacer investigaciones sobre seguridad alimentaria, puedo hacer crecer en mi laboratorio un poco de esta bacteria y echársela en la comida a mi vecino usándola como arma. De la misma manera que el personal sanitario cura y a la vez tiene conocimientos precisos de cómo matar a una persona.

Otra cosa muy diferente es tener el Know how para preparar estos agentes biológicos de modo que su utilización sea efectiva en el campo de batalla, conocimiento que en un laboratorio civil no se tiene (quizás hable de ello en otro artículo). En Ucrania como cualquier país del mundo, como en España, hay decenas de laboratorios que trabajan con diferentes agentes biológicos peligrosos para su uso científico y civil.

La profesora Nguyen Thi Ngoc Phuong, del Hospital de Obstetricia y Ginecología Tu Du, aparece en la foto con un grupo de niños discapacitados, la mayoría de ellos víctimas del Agente Naranja, diciembre de 2004. Autor: Alexis Duclos

En este tipo de laboratorios es normal tener proyectos con otros países, ya que la colaboración entre instituciones científicas y el compartir información es uno de los pilares fundamentales de la ciencia. De este modo es normal que los laboratorios ucranianos (o rusos) participen en proyectos con financiación de la Unión Europea o EEUU.

Las acusaciones de Rusia aprovechan el desconocimiento de la población en temas científicos para hacer parecer algo que es habitual y normal, como algo malvado y siniestro.

Esto último es general en todas las campañas de desinformación existentes y contra las cuales el único antídoto es el conocimiento, leer e informarse.

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